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Juan Villoro: Cuando el futbol y las letras juegan

Él es uno de los escritores mexicanos con mayor renombre en nuestra época, y además, un apasionado del futbol.

Autor: Aarón Martínez 9 mayo, 2018


 
Fotografía por Jorge Ramírez-Posada

 

Hablamos con Juan Villoro sobre el país, el futbol y las letras

 

 

Sociólogo de formación y escritor por convicción, Juan Villoro se adentra en la literatura a través del ensayo, la poesía, el cuento, la novela y el teatro. También se da tiempo para ejercer la docencia, desarrollar el oficio periodístico y escribir crónica deportiva. Con escritos como Dios es redondo, Balón dividido y Los once de la tribu ofrece una perspectiva del balompié discorde a la que se obtiene a simple vista en una tribuna o al monitorear un partido por televisión. Logra darnos un análisis profundo del significado que tiene este deporte como espectáculo, en donde los encuentros con la de gajos se vuelven historia y algunos hombres son tocados por un don divino que los convierte en leyendas.

 

Entre otras razones, Juan Villoro habla de futbol porque tiene el gen del apasionado primitivo, como él se define. Es hincha del Barça, equipo de la tierra natal de su padre, y necaxista por sentido de pertenencia; lleva consigo esos colores al ser los que seguían sus amigos de la cuadra cuando era pequeño. También tuvo el sueño de jugar futbol como profesional, pero como no le fue bien de extremo derecho, se tomó en serio la vida de escritor.

 

Buscamos entablar esta charla para entender de otra manera al futbolista nacional y a nosotros mismos como una afición incansable por salir victoriosa, la cual, en pala-bras de Villoro: “Es una de las mejores, por eso he dicho un poco en broma, que si hubiera un Mundial de fanáticos, México sin duda alguna llegaría a la final”.

 

 

A lo largo de la historia, ¿cómo ha sido la mentalidad del futbolista mexicano?

Ha habido futbolistas muy diversos y siempre es complicado meterlos a todos en el mismo costal psicoanalítico. Si uno piensa en Hugo Sánchez, evidentemente se está ante un héroe de la voluntad que cuando terminaba el entrenamiento seguía jugando, una persona que tenía algunas deficiencias, como no mucha capacidad de desborde o de dribling, pero supo poner el acento en sus habilidades, como el remate instantáneo y las jugadas acrobáticas.

Además, se logró sobreponer a situaciones muy extremas, como el racismo en la Liga Española, en donde le gritaban “indio” en todos los estadios a donde iba de visitante. Aunque no siempre es así, tenemos otro ejemplo que es el del famoso “Jamaicón” Villegas, quien dio lugar al “Síndrome del Jamaicón”; él era futbolista del “Campeo-nísimo” Guadalajara y estuvo en aquella selección legendaria que entrenó Ignacio Trelles, seguramente la mejor que ha tenido México, y que derrotó 3-1 a Checoslovaquia en el Mundial de Chile, lo cual es muy significativo porque fue la subcampeona de ese torneo. Entonces ese coloso del área en ocasiones se venía abajo porque extrañaba la comida mexicana, a su familia, a su abuelita, y caía en un vértigo sentimental que le impedía rendir. Tenemos estas dos facetas de lo mexicano.

Creo que en general el futbolista ha tenido un déficit psicológico y esto le ha impedido tener mayor jerarquía, aunque siempre es peligroso generalizar.

 

 

 

Juan Villoro sobre futbol

 

 

El futbol es popular, un tema de todos los días, ¿cómo se convierte en literatura? 

Con el sufrimiento, como todas la cosas. Si fuéramos campeones del mundo en cada Mundial, quizá no escribiríamos tanto de futbol o nos limitaríamos a cantar las glorias de los héroes.

La literatura es una manera de compensar pérdidas, carencias, dolores, y ante desafíos como la muerte, la injusticia, la separación de los amantes, la enfermedad, surgen novelas y cuentos que tratan de estos temas. México ha sido fecundo para algunas personas en el área de la literatura futbolística por eso, porque los aficionados hacemos más esfuerzo que los futbolistas; ellos no siempre nos recompensan con grandes resultados y nosotros tenemos que poner en juego nuestra imaginación y emoción para seguir viendo los partidos.

Pienso que el testigo del futbol mexicano, el aficionado, es alguien muy creativo que necesita cierta capacidad de autoengaño o de fabulación para permanecer en el estadio después de que ve cosas desagradables y que los suyos no triunfan.

 

 

¿Por qué el aficionado puede ser atraído por la literatura del futbol?

No le llama tanto la atención porque a un estadio de futbol, si es al Estadio Azteca, van 110 mil personas, y es muy difícil que un libro venda 110 mil ejemplares; es evidente que la literatura de futbol es para aficionados extraños, minoritarios. Siempre he dicho que la literatura y el Necaxa son para las minorías ilustradas: no todo mundo es fanático del Necaxa y no todo mundo lee libros. Sin embargo, hay un tipo de aficionado al que le gusta recrear las glorias, o adentrarse en los misterios del juego o conocer la vida personal de un futbolista. Yo pienso que las grandes jugadas tienen vida privada; o sea, cuando Maradona le ganó a los ingleses con el mejor gol ilegal y el mejor gol legal de la historia, puso en juego una reivindicación política, porque hacía poco que había pasado la Guerra de las Malvinas, está también tratando de defender a la selección de Bilardo, que había sido vilipendiada por la prensa argentina y de la que no se esperaba nada, está tratando de demostrar que él solo puede cargar al equipo, que no era en particular bueno, y hay muchas otras razones de índole privada y casi secreta que animan esta jugada. Entonces, si tú puedes investigar a través de la literatura cuál es la vida oculta de las jugadas, pues esto es muy interesante para los aficionados, no para todos, pero sí para aquellos que son suficientemente aferrados de seguir indagando los misterios del futbol.

 

 

En ese sentido, de la importancia que tiene para nosotros un partido o un Mundial, si mañana tuvieras que escribir una novela que hablara de que México es campeón del mundo, ¿qué escribirías?

Sería una novela, pero de ciencia ficción. El país quedaría paralizado de felicidad pero sólo por unos días; es decir, la improbable victoria mexicana en un Mundial nos pondría tan contentos que nos costaría trabajo administrar esto y estaríamos petrificados de éxtasis y de dicha, sería algo en verdad insospechado; pero poco a poco nos daríamos cuenta de que la realidad existe, de que no es tan buena como queremos y tendríamos que volver a esto. La realidad no cambia por eso y por desgracia la nuestra está muy lastimada. Yo preferiría que México fuera un mejor país aunque no fuéramos a un Mundial.

 

 

Frase de Juan Villoro

 

 

Hablando de esto, será el Mundial en paralelo con las elecciones, ¿influye en los resultados electorales?

En ocasiones puede afectar el rendimiento de la Selección, cuando hay una asociación bastante directa entre el equipo nacional y el presidente, y sobre todo cuando existe una conciencia clara de qué tipo de presidencia se trata. Cada 12 años coinciden nuestras elecciones con el Mundial, en el 94 el presidente Salinas de Gortari estaba muy cerca de la Selección, él había sido deportista, tenía una muy buena relación personal con Mejía Barón -le decía “Don Carlos” en las conferencias-. Hablaban mucho de deporte y claramente el presidente, con un afán ideológico, había hecho ver que si triunfaba la Selección, él mismo quedaría beneficiado.

Ese año era muy complicado porque fue el asesinato de Luis Donaldo Colosio, el Levantamiento Zapatista, el Error de Diciembre; aun así, el presidente aspiraba a que una buena actuación de la Selección le diera rédito en las elecciones. Y así fue: México perdió contra Bulgaria pero no hizo un papel malo. La gente se quedó con buena impresión del equipo de Mejía Barón, y bueno, el PRI conservó la presidencia; no quiero decir que por esa razón, pero ahí sí veía una asociación más clara. En este momento la presidencia está muy debilitada, la aceptación de Peña Nieto está abajo del 20%, no hay una conducción clara del país, el candidato del PRI no tiene ninguna relación con la Selección ni con el deporte y ni siquiera es miembro del PRI. En la confusión en la que estamos, la Selección no le beneficia a nadie, es una de las pocas cosas buenas de estas elecciones: el futbol no será factor de lo que pase. El desastre corre al margen de lo que sucede en la cancha.

 

 

¿Cómo percibes a nuestra Selección para Rusia?

Es muy difícil la situación que tenemos, nos tocó un grupo que se podría llamar “De la muerte”, empezamos contra el peor equipo posible que es Alemania y eso va a determinar mucho el aspecto psicológico: una derrota, y sobre todo si es abultada, desmoralizaría muchísimo la participación, además México es un país que tiene un espejo mediático muy histérico, en cuanto la Selección juega relativamente bien, parece que estamos para algo magnífico; si pierde, es el último país del mundo y se procede al linchamiento. Entonces, entre una posible derrota y todo lo que se va a decir después, lo haría muy difícil, es una especie de sacrificio azteca el que vendría después, sería complicado continuar contra Suecia y Corea del Sur.

Más allá de eso, la Selección de Osorio ha sido muy regular en los dos sentidos de la palabra: muy consistente en sus resultados y muy mediana ante los grandes desafíos; cada vez que ha tenido un examen importante, lo reprueba. Si juzgamos por eso, no soy muy optimista. Pero bueno, el futbol está hecho de milagros y una vez que alguien hace un diagnóstico negativo, espera como buen aficionado que el “Chucky” Lozano meta un golazo y todo cambie.

 

 

 

 

 

 

 

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