Joaquín Ferreira, el origen del cuervo rebelde

Lo conoces como el “Potro” de Club de Cuervos, la serie de Netflix que estrena su segunda temporada, pero lejos del actor, hay un hombre Maxim que se cuestiona a sí mismo.

Autor: Redacción Maxim 7 diciembre, 2016


Fotos: Turner & Palma.

Fotos: Turner & Palma.

 

 

Por Aarón Martínez y Gabriel Guajardo

 

Joaquín Ferreira estaba cansado de su vida en Argentina. Había estudiado en cuatro carreras (bellas artes, publicidad, diseño gráfico y arquitectura). “Casi me recibo de diseñador gráfico, pero estaba siempre buscando algo que me gustara hacer en verdad”. Si bien sabía que su camino era rumbo al arte y su creatividad, aún no engranaba perfecto su destino.
Paralelo a lo profesional, había trabajado de manera constante y también practicaba deportes, como el rugby (donde incluso estuvo como profesional), sin embargo estaba exhausto. Un buen día, sentado con sus amigos, tomó la decisión de probar suerte, darse unos días de descanso lejos de casa: “¡me voy a México!”. Ese fin de semana, luego de avisar a su gente y vender todo lo que tenía, definió su destino en Playa del Carmen. Sus cercanos no podían creerlo.

 

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Al estar en la Rivera Maya, una vez, mientras caminaba disfrutando del lugar, una curiosa mujer le preguntó si era actor. Él confesó que no, pero que la idea le parecía relevante. “Bueno, te quiero para un comercial en República Dominicana”, respondió aquella dama. “Y así me fui a hacer el comercial de un hotel. Me divertí tanto que me fui a estudiar actuación a la Ciudad de México”. Sin saberlo, pero teniendo presente que buscaba ese detonante en su vida, Joaquín estaba abriendo un nuevo camino, el cual ahora alimenta principalmente su lado artístico. En la actuación encontró cómo hacerse amigo de sí mismo, aprendió a soltarse, a dejar sus miedos. Después del comercial, estudió en la Casa Azul, un espacio destinado a la investigación, documentación y práctica del arte de actuar, y un maestro le confesó que lo veía muy bien actuando, que tenía futuro. Le propuso buscar alguna beca, hasta que TV Azteca le ofreció un apoyo económico para mantener sus estudios y estancia lejos de su tierra natal.

 

 

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Descifrar su código

Joaquín demostró ser insurrecto, pero no se trataba de una rebeldía hacia el desorden público, sino más hacia la introspección de cuestionar lo que le hacía sentir pleno. “Siempre lo fui. Era joven rebelde. Desde el kínder, cuando le hablaban a mi papá los directores. Luego fui una persona con buenas relaciones, pero era un desmadre absoluto; destruí nueve autos de mi familia y tres los hice mierda antes de los 18”. ¿Y por qué su padre le seguía prestando los autos?, cuestionamos. “Porque en realidad siempre ha confiado en mí. La ultima vez que vino con mi madre a visitarme a México, él me dijo: ‘cuando tenías 12 años, le dije a tu mamá que ya no me iba a hacer cargo de ti’”. Eso lo hizo recordar cuando desde esa edad ya se iba a bailar y de reventón. “Era una vida muy fresa, pero en Argentina están los asentamientos (como las favelas de Brasil), que estaban muy cerca de donde me desenvolvía. Me peleaba con los de ahí, hasta que me hice amigo de ellos”.

 

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Su vida giraba en torno a trabajar, estudiar (a medias), vivir cómodamente, ir de fiesta e incluso pertenecer a uno de los tres mejores equipos del mundo en rugby. Joaquín estaba en muchos lados, pero no tenía un eje rector que lo mantuviera firme, estable. “A los 17 años me di cuenta de que era un desmadre. Les mentí a mis padres que había terminado el colegio, pero me faltaban 11 materias. Tuve un año sabático, jugaba al rugby borracho y me di cuenta de que si seguía así me iba a ir mal”.

 

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Reconocerse hizo que llegara a la actuación, donde encontró una parte importante de su estabilidad. Entendió que aquietar la rebeldía a veces no es una opción, pero sí lo es saber dirigirla. “Soy un tipo intenso, intento vivir al full todo el tiempo, y a veces, cuando te tropiezas, caes muy duro. La Ciudad de México tiene una vibración muy alta, que te puede potenciar mucho cuando estás bien y cuando no lo estás te tira. Pero siempre me he apoyado mucho de mi lado espiritual”.

 

Una pronta oportunidad en la actuación lo catapultó luego de recibir una llamada para hacer un casting. No tenía representante, no contaba con los contactos necesarios. Sin saber bien cómo llegó, aprovechó la propuesta y, para su sorpresa, en el mismo momento de la prueba le hicieron saber que era él a quien necesitaban para interpretar al “Potro” en Club de Cuervos, la primera producción en español de Netflix.

 

Al inicio, su papel estaba pensado para seis capítulos, pero el director Gaz Alazraki y su gente tuvieron otro plan: “como les gustó lo que estaba haciendo al principio, extendieron mi papel y salí más veces”. Joaquín dormía poco, reescribía los diálogos dándoles estilo propio; esa dedicación se vio reflejada en el gusto de la gente. “Es aprender a jugar con una cámara cuando estás actuando.
También fue como se armó un grupo de actores que nos hicimos muy amigos, crecimos mucho juntos y era como jugar en equipo, que es lo más importante que puede haber, por lo menos es lo que a mí más me nutre como persona”. Para la segunda temporada, Joaquín recibió los guiones pocos días antes de que se comenzara a grabar, y fue tres meses después, hasta que terminaron la producción, que se dio cuenta del protagonismo que tenía su personaje; incluso, nos confiesa, ya están grabando la tercera temporada, donde también será parte importante en la historia.

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Presentaciones ante otro público

Este año fue de buenas cosechas para Joaquín, ya que además de interpretar al “Potro” tuvo la posibilidad de estar en la obra de teatro 23 centímetros, puesta en escena que fue recibida con éxito por el público.  Al preguntarle sobre sus pensamientos a futuro en la actuación, respecto a que lo encasillen en un estilo de personaje, él responde parafraseando al actor Javier Bardem: “la carrera de actor se hace con los proyectos a los cuales les dices que no”. Asimismo, completa: “Creo que eso pasa cuando eres selectivo y haces lo que te hace feliz. Saber esperar. Si me preguntas qué papel me gustaría hacer, no sería el de galán. Me gustaría hacer a un chico con problemas, autista, drogadicto, a un desquiciado. Me gustaría experimentar, me gustaría llevar mi carrera y que la gente me vea como buen actor, no sólo como el tipo que se desnuda”.

 

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Buscamos a Joaquín para esta edición de cambio de año porque además de ser un tipo consolidado en el ámbito de la actuación, se encuentra una persona que busca llevar lejos sus aptitudes y hambre por aprender y plasmar. Viajar, conocer el mundo es una de esas formas. De manera constante se sabe de él en tierras lejanas. Recientemente pasó más de 20 días en Cuba, donde se adentró en una familia tradicional para conocer de cerca la esencia de la isla. Meses antes, lo hizo en el Desierto del Sahara. Alguna vez explicó que prefiere tener más sellos en el pasaporte que ceros en su cuenta de banco. Y tiene sentido, eso es lo que significa para él la riqueza.

 

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Ahora, además lo canaliza a través de las artes plásticas, un momento de expresión con mayor quietud, sin duda. Pero cuando Joaquín se pone frente al lienzo o alista una escultura también es rebelde. A finales del año pasado hizo una exposición, se trató de una escultura para la FIFA. “La hice de cuatro y medio metros de largo por dos de ancho y estuvo en la avenida Reforma durante tres meses; ahorita está recorriendo las ciudades, y luego se va a subastar y va para una fundación de niños con cáncer”. Su obra fue una crítica a la corrupción de la Federación de Futbol. A todos los artistas les proporcionaron un balón de metro y medio, Joaquín lo convirtió en un cuervo negro cubierto de mil quinientas rosas negras —esto haciendo una remembranza a la mafia italiana, cuando alguien recibía una de estas flores días antes de su muerte—. “Era un cuervo dentro de una jaula porque esa gente tiene que estar presa”.

 

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Volver de manera simbólica a donde perteneces también es importante para Joaquín; por eso, recientemente hizo una exposición en conjunto con su padre que se llamó Rostros en el Tiempo. “Él tiene una forma de pintar muy distinta a la mía, aunque tiene cosas en que convergemos”, expone el actor.

 

Nos resta conocer cómo se describe Joaquín después de estos años: “Creo que con el crecimiento, el acercamiento al arte y con los años me he vuelto mucho más dócil. De hecho, esa locura ya no la tengo, no tengo esas necesidades”. Nosotros pensamos que sigue ahí, pero se movió hacia otro lugar,  a un sitio donde hoy su rebeldía está gobernada, lista para explotar de una manera artística.

 

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Fotografía, Turner & Palma; Asistentes de Fotografía, Rafael Arroyo y Enrique Aguilar; Styling, Priscila Cano; Asistentes de Styling, Dano Santana, Abraham Magos y Corina Cubel; Maquillaje, Daniela Martínez usando Patchology y Dermalogica @danimtz86; Pelo, Édgar Heredia para American Crew; Coordinadora de producción, Tanya Chávez; Producción, MAXIM MÉXICO. Agradecimiento a Club Social Rhodesia y Grupo Sicario.

 

 

 

 

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