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Lucy Vives: ‘A veces hay que provocar’

La hermosa hija de Carlos Vives estudia filosofía, es una activista convencida y una escritora talentosa.

Autor: Sergio Ramírez 13 marzo, 2018


Fotos: Melissa Cartagena.

 

 

No lo podía creer. Lo que hace apenas unas semanas era un paraíso se había convertido en un infierno. Drama, destrucción, tristeza, desesperación. Salió del avión y se encontró, de buenas a primeras, con la isla del desencanto.

 

 

 

Lucía Vives nació el 11 de enero de 1996 en San Germán, la segunda población más antigua de Puerto Rico y, aunque habla español con acento, ha permanecido gran parte de su vida por fuera de la isla y desde hace algún tiempo radica en Nueva Orleans, donde estudia Filosofía en la Universidad de Loyola, es una boricua orgullosa.

 

 

 

De sus primeros años recuerda la libertad, la misma que se le quedó impregnada en la piel y que la acompaña hasta ahora. “Teníamos una vida abierta, muy comunicativa, siempre bastante orgánica”.

 

 

 

 

Tenía poco más de tres años cuando se trasladaron a Miami. Su padre, Carlos Vives, decidió que su exitosa carrera artística podría proyectarse mejor desde allí y la familia entera se radicó en La Florida. “Éramos como cualquier familia latina que vivía por primera vez en los Estados Unidos, no teníamos más familiares allá en ese momento, éramos solo los cuatro”.

 

 

 

Bueno, realmente no eran como cualquier familia latina. No todas tienen un padre con el récord de haber sido el más nominado a los Latin Grammy, reconocido en casi todo el mundo y un símbolo musical en su país, pero trataron de llevarlo de la manera más natural posible.

 

 

 

FILOSOFÍA Y COMPROMISO

 

 

Cuando llegó el momento de elegir una carrera decidió matricularse en filosofía y estudios femeninos en la Universidad de Loyola. Le hubiera gustado ser fotógrafa pero, asegura que es pésima. Encontró entonces la satisfacción en posar, en crear historias frente a la cámara. “El arte, incluyendo la fotografía, es un lugar muy cómodo para mí, es mi hobby, una pasión, algo más que me permite expresarme. Si no se me dio de un lado del lente, entonces decidí intentarlo del otro”.

 

 

 

 

Esa afición por la imagen refleja, además, lo cómoda que se siente consigo misma. “Siempre he sido mi fan más grande, también mi mayor crítica, pero creo que es importante que los estándares vengan de uno mismo. Nací en este cuerpo y tengo que quererlo y respetarlo”.

 

 

 

Finalmente, esa forma de pensar la convirtió en activista y, de alguna manera, en una provocadora, en un mundo que se deja provocar fácil.

 

 

 

 

“A veces hay que provocar un poco. Vivimos en un mundo donde, si no lo sacudes un poco, la gente no presta atención. Estamos como adormecidos”.

 

 

 

 

 

 

 

UNA MEZCLA DE SABORES

 

 

El arte en Lucía Vives no sólo pasa por la fotografía o la escritura, también está en la música, un tema que aún tiene pendiente. “Lo que pasa es que cuando tienes tantas opciones debes asegurarte de hacer lo correcto, que vas a combinar los sabores adecuados en ese primer proyecto”.

 

 

 

 

Y es que si se trata de opciones y de mezclas, Lucía, como asegura, es una ciudadana del mundo. “La verdad me siento bastante global: en Puerto Rico dicen que soy colombiana; en Colombia, soy puertorriqueña; en Estados Unidos no saben cómo definirme, al final soy latina aunque, la verdad, no importa donde esté o donde viva siempre soy boricua, tengo el privilegio de haber nacido allí, llevarlo en alto y siempre regresar”.

 

 

 

 

 

 

 

 

EL REGRESO A CASA

 

Este año decidió darse un descanso de la universidad y regresar a Puerto Rico para seguir trabajando en su música. Llegó poco antes del huracán Irma, y tan pronto pasó, decidió viajar a Nueva Orleans para empacar sus cosas y volver a la que siempre será su casa, pero la naturaleza cambió sus planes.

 

 

 

Tras Irma llegó María con sus vientos de más de 200 kilómetros por hora, según los expertos, la peor tormenta que ha azotado a la isla en casi un siglo.

 

 

 

Lucía regresó en uno de los primeros aviones comerciales que aterrizó en San Juan. “Fue bastante difícil llegar y ver lo que quedaba –recuerda-. Sobre todo porque estuve ahí sólo unas semanas antes, me fui dejando un bosque hermoso y regresaba a un pantano lleno de destrucción, personas muertas, barcos hundidos, casas perdidas completamente”.

 

 

 

 

Pasó semanas ayudando en el proceso de reconstrucción del lugar donde nació y luego regresó a Colombia, su otra patria. Viajó a Medellín, para hacer las fotos de este artículo. Sobre su futuro, la hija de Carlos Vives aún no tiene las cosas claras. “Sigo evolucionando, creciendo, estoy en un momento donde voy alineando bien las fichas de mi vocación, de mi pasión, en el arte, la educación, la filosofía y la música. Quería pensarlo bien pero, la verdad, ya se me está acabando la paciencia, así que creo que voy a cerrar los ojos y ‘nos fuimos’”.

 

 

 

 

 

 

 

Asistente de fotografía, Mario Quintero; styling, Natalia Uribe; maquillaje y peinado, Carolina Lebru; locación, Manantiales del Campo; producción, Producciones Innecesarias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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