María Fernanda Yepes: Despertar interno

Ser actriz le significó vivir en constante prueba y error. Hoy consolidada en este camino, pone a la luz sus secretos espirituales, aficiones y planes para el mañana.

Autor: Aarón Martínez 2 febrero, 2017


Fotos: Camilo Villabona.

 

 

María Fernanda Yepes llega caminando al corazón de la Ciudad de México. Lleva puestos unos jeans deslavados, camiseta blanca y unas sandalias de piel. Las manos las tiene ocupadas: bolso personal, una maleta y la jaula en la que transporta a Alaska, su minina de pelaje blanco. Después de saludarla, la ayudamos con sus artículos personales y subimos las escaleras de Barrio Alameda hasta al Chaya, un bed & breakfast con una vista increíble, hospitalidad y espacios acogedores. Al abrir cortinas y ventanas de la master suite, se deja ver la Torre Latinoamericana, un poco de vegetación y mucha historia.

 

 

María Fernanda radica en tierras aztecas para participar en La piloto, serie de Univision que comenzó a grabarse en septiembre y está lista en estos días. Ahí interpreta el papel de Zulima. Desde hace unos años, Yepes es una actriz con gran demanda, lo cual la llevó a salir de Colombia; sin embargo, confiesa: “La verdad, me costó mucho tiempo descubrir para qué era buena y cuál era mi camino en la vida”. Primero fue modelo, desde muy pequeña, a los 14 años, empezó a trabajar para varias marcas en Medellín, como Garotas y el primer catálogo de Agua Bendita. “Pero no busqué ser modelo, como no busqué ser actriz. La vida me puso las cosas en el camino y las fui tomando”.

 


Siempre ha sido una mujer muy relajada a la que no le gusta complicarse, “entonces veía ese universo con demasiada pose para mí; yo era niña y me daba pereza. Toda la vida he sido medio niñito, de deportes extremos, de aventuras. El modelaje me daba risa, jamás dejé de montar a caballo, de despelucarme, de ensuciarme, de empantanarme. O sea, nunca pertenecí a ese mundo de Barbies”. A pesar de eso, había una personalidad histriónica, característica que la llevó a esto, y la hizo ser excelente. “Transmitir algo, de eso se trata este trabajo, es un asunto de energía”, explica.

 

Alma gitana

A los 18 años se fue a Australia de intercambio. Recorrió 16,000 kilómetros porque quería explorar qué pasaba más allá de las montañas de Medellín. “He sido un poco gitana, he vivido en muchos lugares”. En ese momento tuvo un despertar interno, pues no se veía en una universidad, sentía que iba a perder la vida. Probó estudiar psicología, pero no era eso lo que la movía; luego, entró a comunicación social; sin embargo, su lugar tampoco era ahí. Yepes estaba ávida de hallar ese camino que mantuviera  su personalidad de pie, con un proyecto a largo plazo.

 


El amor de un hombre, 12 años mayor que ella, la llevó a tener unas vacaciones en Barcelona, y terminó quedándose casi tres años. En esa ciudad decidió que tenía que abandonar de una vez por todas su etapa en el modelaje. Trabajaba de mesera y, como pasatiempo, entró a una escuela de teatro para estudiar. Como tantas historias de amor, su relación con aquel hombre cerró su ciclo y regresó a Colombia donde, poco tiempo después, tuvo una oportunidad en la actuación. “Al principio me negaba un poco porque sentía que no estaba bien preparada”. Incluso, confiesa que su método ha sido en la práctica: “Soy una actriz que me hice en el ejercicio de actuar, y cada vez le presto más interés, mayor seriedad. Así es como he ido trascendiendo en mi profesión”.

 

 

 

Brebaje rumbo a la actuación

 

Una de las experiencias que la llevó a descubrir sus verdaderas inquietudes, su personalidad, fue el contacto con la ayahuasca o yagé, la planta sagrada que crece en el Amazonas considerada como la medicina del alma. “Cuando tuve mi primera ceremonia, me despertaron los sentidos y me ayudó mucho. Fue a partir de ahí que decidí regresarme a Colombia, porque sabía que algo me estaba esperando, fue como si me lo dijera la planta a través de un mensaje bonito”.

 

Así comenzó a construir su camino y los eventos se manifestaron uno a uno. Varias propuestas para actuar tocaron su puerta, pero antes quiso prepararse un poco más en la actuación, y entró a la Escuela Caracol. Tiempo después, sus primeras apariciones se dieron en Pura sangre y luego como la antagonista en Sin senos no hay paraíso.

 

¿Qué personaje le ha significado mayor sacrificio? Hace un silencio y luego se decanta: “Pienso que lo más importante que he hecho es La Diabla y Rosario Tijeras; además, con estos personajes siento que me robé el corazón del público. Primero, hice a “la Diabla”, basada en analizar la realidad que vivía mi país. Soy buenísima en observar y leer a la gente. Y así salió, es de esos personajes villanos pero a la vez divertidos; además es muy cínica y la gente la ama”.

 

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Fotografía, @camilovillabona; Styling, Paola Torres; Asistente, Carolina Franco; Maquillaje, Pamela Segura; Pelo, Gerardo Maldonado.

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