5 lecciones que nos dejó el más grande, Muhammad Alí
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    5 lecciones que nos dejó el más grande, Muhammad Alí

    Imposible es una opinión. Imposible es potencial. Imposible es temporal.

    Autor: Andrei Vásquez 4 junio, 2016


    Flickr: Cliff1066

    Flickr: Cliff1066

     

    Muhammad Alí es un caso único en el deporte, una rara mezcla de valentía e inteligencia que le hizo trascender el ring y llevar su palabra al mundo entero. Poseedor de victorias históricas, una actitud envalentonada y el carisma que transforma a personas normales en ídolos, pero también con ideas y argumentos sólidos que transforman a los ídolos en leyendas.

    La leyenda dejó este ring anoche, 3 de junio, a causa de complicaciones respiratorias. La noticia nos dejó helados a sus admiradores. La leyenda era también un ser humano. Sin embargo, las lecciones de su paso por el mundo son un legado para cualquier hombre que quiere encarar la vida más allá de la búsqueda de los éxitos personales.

     

    Confía en ti mismo

    “En el golf también soy el mejor. Solo que todavía no he jugado”.

    Esta es la materia prima que formó a la leyenda. Un adolescente que aprendió sus movimientos esquivando pedradas seguramente tenía el fuelle para convertirse en el boxeador que predecía en cuál asalto ganaría un combate. Eso sí, su confianza no eran palabras huecas, provenía de un autoconocimiento brutal y de un análisis completo del rival.

     

    Nombre no es destino

    “Cassius Clay es el nombre de un esclavo. No lo escogí. No lo quería. Yo soy Muhammad Alí, un hombre libre”.

    Contrario a lo que dice la sabiduría popular, Alí vino a decir que un hombre puede soltar su pasado y reinventarse. Y que eso es la libertad. No solo cambió de nombre, también cambió de religión. A partir de esta plenitud personal, puedes sentirte tranquilo de ser auténtico, pensar como quieras, sin la influencia de nadie más.

     

    Levanta los brazos por tu gente

    “Mamá, ¿por qué todo es blanco?”

    Cada vez que Alí ganaba un combate, lo hacían también sus ideas. Después de ganar la medalla de oro para Estados Unidos en Roma 1960 en plena guerra fría, no lo dejaron comer en un restaurante de su natal Louisville, Kentucky. Desde entonces se convirtió en un vocero de los afrodescendientes y, en general, de los marginados del mundo. Se especula que no tenía su medalla porque la había tirado al río Ohio, enojado con su país, pero nunca confirmó esa versión.

     

    La congruencia es la victoria suprema

    “Mi consciencia me impide ir a dispararle a un pueblo hambriento que nunca me ha dicho negro. Solo métanme a la cárcel”.

    En 1967, Alí era el campeón del mundo de los pesos pesados. Se negó a ir a la guerra de Vietnam. Siguió con sus ideales a pesar de que le quitaron el título, lo inhabilitaron del boxeo y todas las críticas que vinieron. En 1970 la Corte Federal estadounidense consideró que eran ilegales estas medidas. A partir de entonces se convirtió en el más grande.

     

    Si te tienen contra las cuerdas, baila

    “Me dijo el gerente: aquí no comen negros. Respondí: yo tampoco como negros, solo quiero un hot dog”.

    En el legendario combate frente a George Foreman en Kinshasa, en el corazón de África, Muhammad Alí comenzó a danzar arrinconado en una esquina. Tal vez porque tenía la confianza de que iba a revertir la pelea. Cuando sabes que nada es imposible puedes sonreír cuando todo parece perdido. Alí defendía sus causas con coraje, pero también con sentido del humor. Si bien sus últimas imágenes son aquejado por el mal de Parkinson, sabemos que en el fondo bailaba contra las cuerdas. Hasta siempre, leyenda.

     

     

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