Andrzej Bargiel esquía la segunda montaña más alta
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    Andrzej Bargiel esquía la segunda montaña más alta

    Una gran historia.

    Autor: Redacción Maxim 12 febrero, 2020


    FOTO: Cortesía

     

    Por Keith Gordon

     

     

    El esquiador polaco Andrzej Bargiel convirtió a la segunda montaña más alta del mundo en el descenso más peligroso.

     

     

    El 6 de mayo de 1970, el aventurero esquiador japonés, Yuichiro Miura, logró descender esquiando sobre la cara sur del monte Everest, dirigiéndose hacia un precipicio y su posible deceso, hasta que fue detenido milagrosamente por un montículo de nieve. Ese día nació la leyenda de “El hombre que bajó esquiando el Everest”, y parecía raro que un humano en sus cabales lograse superarla. Después de todo, si esquiar una pequeña parte del Everest —una montaña despiadada en la que cientos de escaladores y sherpas han perdido la vida— fue una hazaña riesgosa para Miura, el hecho de que alguien quisiera intentar esquiar la traicionera K2 era mera fantasía.

     

    Si al Everest, la montaña más alta del mundo, se le conoce por su alto índice de fallecimientos, a la K2 —la segunda más alta— se le considera la más desafiante y peligrosa después de la letal Annapurna. A pesar de que más personas han muerto en el Everest, el índice de fatalidades de la K2 de un muerto por cada cuatro ascenso exitosos es mucho más espeluznante. Solamente los alpinistas más experimentados son los que se atreven a escalar esta montaña con sus complejas mezclas de hielo, roca y pendientes. Por más peligroso que ha demostrado ser el Everest, la K2 es una bestia completamente diferente para escaladores y no se diga para esquiadores.

     

     

    Todo eso solo hace que el descenso de Andrzej Bargiel el 22 de julio de 2018 sea aún más sobrehumano. Fue precisamente Bargiel, un alpinista y esquiador polaco de 30 años, quien exitosamente ascendió las empinadas secciones finales de la cumbre de la K2, para luego colocarse los esquís y lanzarse al fondo desde una altitud de 8,611 metros. A diferencia de Miura, quien escogió una sección en específico del Everest para descender, Bargiel esquió lo más que pudo durante su descenso, quitándose los esquís solamente en áreas en las que no había la suficiente nieve, y fue uniendo partes de diferentes rutas para maximizar la caída que podía alcanzar sobre sus esquís.

     

    Bargiel siempre ha tenido en mente esquiar algunas de las montañas más altas del mundo, inclusive creó un equipo llamado Hic Sunt Leones. Luego de acumular logros de alpinistas como las cumbres de Manaslu (la octava montaña más alta) y Shishapangma (la número catorce de la lista), cada una miembro del  club de los 8,000 metros, el polaco se tomó un tiempo durante su exitoso ascenso al Broad Peal (la doceava más alta) para observar las cimas vecinas de la cordillera del Karakórum como la K2. Fue entonces que se dio cuenta de que una de las caras, a pesar de su aterradora reputación, presentaba una verdadera posibilidad para él y su equipo.

     

    Bargiel había intentado lo aparentemente imposible en 2017, pero como muchas veces sucede con las montañas más altas, la madre naturaleza es la que decide cuándo es que permitirá que los escaladores tengan oportunidad de intentarlo. Debido a la gran caída de rocas y avalanchas, Bargiel y su equipo no pudieron incursionar en la ruta que habían planeado para descender con sus esquís.

     

     

    A pesar de lo desafiantes y costosas que pueden ser estas expediciones a nivel logístico, el regreso de Bargiel no era nada seguro. Luego de su exitoso descenso en 2018, Bargiel le dijo a Redbull.com: “No me gusta regresar a los mismos lugares. Pero luego pensé que le había dedicado tanto tiempo, investigación y dinero al proyecto, que tenía que intentarlo nuevamente. Me preocupaba que a causa del cambio de clima, el glaciar más grande se transformara demasiado rápido, y que si esperaba unos cuantos años en regresar, el camino que tenía en mente ya no sería viable y todo el trabajo se habría desperdiciado. Este año todo se acomodó y las cosas se sintieron mucho más fáciles”.

     

    Si Bargiel no estaba tan seguro de los riesgos a los que se vería sometido antes de su escalada, él y su equipo lo recordaron de la peor manera cuando se enteraron sobre un escalador perdido en Broad Peak. Al aclamado alpinista escocés, Rick Allen, se le daba por muerto luego de desaparecer durante su descenso, hasta que Bargiel y su hermano lo localizaron por medio del uso de un dron y mandaron a rescatistas por él, quienes ayudaron a Allen a bajar. Este evento no era la manera más alentadora de comenzar una expedición, pero sirvió como una dura advertencia de cómo hasta los escaladores más experimentados quedan indefensos ante la naturaleza. Sin embargo, unos días después, el incidente no pasaría de ser tan sólo una nota al pie de los logros sobrehumanos del aventurero polaco.

     

    Si bajar esquiando por una estrecha canaleta de 50 grados conocida como “cuello de botella” no suena suficientemente aterrador, hacerlo a más de 8,000 metros parece inimaginable. Este es un terreno para esquiar bastante difícil, pero Bargiel descendió sin errores mientras sus músculos ardían por la falta de oxigeno. “Estaba completamente consciente de los peligros todo el tiempo”, comentó el polaco a Redbull.com. “Necesitaba buena visibilidad y excelentes condiciones en cuanto a la nieve. Teníamos un gran telescopio por el cual yo siempre observaba la cara. Es esencial tener mucha experiencia para que basado en lo que sabes y en la información que puedes recoger al observar la naturaleza, puedas encontrar el momento correcto para moverte y para actuar en la montaña”.

     

     

    Bargiel sabía que no debía confiarse y pensar que la montaña es una entidad estable. Es un rompecabezas que constantemente está cambiando junto con las condiciones de la nieve y algunas secciones pasan de ser relativamente seguras a completamente intransitables en el transcurso de una sola noche. El polaco tuvo que explorar su camino y luego asegurarse de que las condiciones no hubiesen cambiado, sorprendiéndolo en su descenso. “Hay algunas secciones en las que tienes que pasar justo en el momento indicado, para estar seguro de que la nieve no es demasiado dura o suave y que no haya peligro de avalancha”, explica Bargiel y continúa. “Y el sol debe brillar exactamente donde lo requieres, pero no demasiado, porque podrías tener bloques de hielo cayendo en tu cabeza. Hay mucha información que se debe tener en mente”.

     

    En general, hay una filosofía en cuanto al alpinismo de grandes montañas y ésta establece que llegar a la cima es solamente la mitad de la batalla. Esto resulta verdadero para todos los escaladores puesto que la mayor parte de los accidentes ocurren durante el descenso, pero tal vez el que menos tuvo que celebrar al llegar a la cumbre sea Bargiel. Después de todo, a pesar de haber llegado con éxito a la punta de las montañas más difíciles de la tierra, quizás sea eso sólo la parte fácil de su expedición.

     

    “Al alcanzar la cima no me sentí como un ganador. Llegué hasta ahí, me puse ropa más abrigadora y me tomé una foto”,comentó Bargiel durante su entrevista con Redbull.com luego de su descenso. “Actué un poco como una máquina porque sabía que la parte más importante y difícil todavía faltaba. Afortunadamente, trabajo de tal manera que ese reto me aísla de cualquier otra cosa. Nada me asusta. Tal vez haya sentido un poco de preocupación antes, durante la preparación, pero cuando el momento llega, sencillamente lo llevo a cabo”.

     

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