Andy Mann, arriesga su vida por una buena toma

    Andy Mann, arriesga su vida por una buena toma

    Fotografías en los lugares más remotos de la Tierra.

    Autor: Redacción Maxim 15 noviembre, 2019


    FOTO: Andy Mann

     

    Por Keith Gordon

     

    El fotógrafo amante de la aventura y los océanos, Andy Mann, nos acerca a los lugares más lejanos de la Tierra, aunque arriesgue su vida en el intento.

     

     

    En el mejor de los casos, la fotografía permite al artista transportar a su audiencia a donde sea que pueda llevar su cámara. Algunos destinos son tan remotos, o tan peligrosos, que éste es quizá el único medio a través del cual podemos aprender sobre esos lugares y vivirlos, aunque sea indirectamente. Por eso el mundo necesita personas como Andy Mann. Corrección: el mundo necesita a Andy Mann. Si algunas personas llegan a los extremos para obtener la toma perfecta, Mann parece ir más allá.

     

    Al crecer en la zona rural de Virginia, Mann, de 38 años, no se dio cuenta de su vocación sino hasta 2003, cuando se mudó a Colorado y descubrió el rock climbing. Comenzó a salir con los ahora famosos fotógrafos de aventuras Keith Ladzinski y Cory Richards, manteniendo, como grupo, su gusto por las montañas, vendiendo fotos a revistas especializadas y, finalmente, a National Geographic. «Fue una herramienta no solo para contar las historias de lo que estaba haciendo, sino también para poder financiar mi pasión, simplemente para permanecer en el camino», reveló a Maxim.

     

     

     

     

    ¡Y sí que permaneció en el camino! Ya que pasó los siguientes diez años viajando por el mundo, fotografiando algunas de las paredes más difíciles de escalar. A medida que grandes empresas como North Face y Red Bull comenzaron a invertir dinero en campañas sobre aventuras al aire libre, Mann sabía que tenía la habilidad para equilibrar su arte con el comercio. “Siempre he tenido la capacidad para vender mis proyectos y trabajar con marcas creando campañas en torno a la auténtica narrativa de las expediciones”, dice. “Creo que eso es lo que quieren las marcas, pero también es lo más difícil de crear”.

     

     

    El trabajo de Mann es, de hecho, tan desafiante desde el punto de vista logístico como auténtico. “Voy a Groenlandia para hacer una expedición de escalada cada dos años, porque lleva literalmente dos años incluso ir allí y contratar cazadores Inuit para que me acompañen durante el invierno. Entonces, la logística es una locura, pero cuanto más lejos está, más interesado estoy en documentarlo”.

     

     

    “Para mí, en cuanto a lo que estoy buscando, todavía son momentos reales. Cuanto mejor eres como fotógrafo, más fácil es simularlos. Pero eso no me interesa. Yo busco momentos reales y auténticos, y esa es la razón por la que salgo por un mes o dos, o estoy en el océano 100 días al año. Al igual trato de hacerlo con la vida silvestre: busco algo que sea especial y único, que no sea una imagen que puedas obtener sin un montón de tiempo y paciencia, o con mucha suerte”.

     

     

     

     

    Y en este momento, Mann parece ser el fotógrafo que tanto audiencias como marcas buscan. Recientemente se convirtió en embajador de los relojes Zodiac, pero como es la norma con él, se trata de una asociación y no un trabajo temporal. Él ya conocía a parte del equipo de Zodiac por un proyecto comercial anterior, y cuando se decidió que la primera campaña para el impresionante reloj Super Sea Wolf de la marca fuera con una sesión de buceo en aguas abiertas con tiburones oceánicos de puntas blancas, parecía la combinación perfecta. Fue una muestra de confianza de ambos lados, como recuerda Mann. “[Zodiac] dio un gran salto de fe solo para decir:

     

     

    ‘Muy bien, reservaremos las luces y luego dejaremos que ocurra la magia’”. En cuanto a Andy, dio un salto diferente. “El tiburón oceánico no es una especie con la que las personas suelen bucear libremente, o con la que simplemente puedes meterte en el agua, porque se consideran algunos de los más tiburones más peligrosos”, explica Mann.

     

    Al mismo tiempo que buceó con cincuenta tiburones toro en Fiyi, filmó muchas de las escaladas más duras y tuvo una experiencia al estilo Moby-Dick que induce al terror con una manada de cachalotes masivos de las Azores en el Atlántico, Mann también se dio cuenta del gran riesgo que corre en términos de humanos.

     

     

     

     

     

    “Estaba asignado por National Geographic en Rusia, y estábamos buceando debajo de un iceberg cuando este comenzó a hundirse y casi se lleva a todo el equipo con él. Afortunadamente pudimos regresar a puerto y fuimos “rescatados” [por la mafia rusa]. Justo en el muelle, ¡me secuestraron! Luego [ellos] negociaron mi liberación. Y fue entonces cuando pensé: ‘Dios, ¿en qué me estoy metiendo? ¡Es más seguro en las montañas!’”.

     

     

    Al igual que sus compañeros de aventura y fotógrafos oceánicos, Mann toma un enfoque calculado de los riesgos, que él cree que le impide cruzar la línea entre lo riesgoso y lo imprudente. Pero la columna vertebral de su motivación es el significado que le atribuye a su labor: “Quiero que mi trabajo tenga un propósito. Por eso me alíneo con científicos y biólogos marinos… Ellos vienen a mí con estas grandes ideas, y yo consigo el acceso. El océano es un lugar que necesita imágenes, y estos científicos necesitan los recursos para comunicar. Eso también le da a mi trabajo un propósito”.

     

     

     

    Otro motivador principal es la oportunidad de abrir nuevos caminos. “Trabajar con atletas que están haciendo algo por primera vez, ir a un lugar que nunca se ha escalado, o un sitio donde la gente nunca ha estado, ¡y punto!”, subraya Mann. “Hay un montón de tierra virgen allá afuera, lugares en donde la gente nunca ha estado. Entonces, así es como decido con quien unirme. Al igual que con los científicos, me están dando acceso a lo que necesito”.

     

     

    Andy Mann no parece necesitar tanto. Dale al hombre una cámara, un boleto de avión a un lugar remoto, y suficiente apoyo para mantenerlo vivo en los lugares extremos en los que se aventura y es probable que regrese no solo con una colección de bellas imágenes, sino también con tomas intencionales como ninguna que hayamos visto antes.

     

     

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