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    Anthony Bourdain, una charla con el espíritu indomable

    Cada tatuaje cuenta una historia, y el presentador de televisión, autor, chef y famoso vagabundo tiene muchas que contar.

    Autor: Redacción Maxim 26 abril, 2018


    Anthony Bourdain

    Photo by Daniel Zuchnik/WireImage.

     

    Platicamos con el chef Anthony Bourdain sobre su búsqueda personal.

     

     

    Texto por Mitch Moxley

     

     

    Es una mañana de febrero en Brooklyn. Anthony Bourdain se encuentra sobre un tapete de tatami mientras en el brazo lo pican con un palo puntiagudo. Hay un vaso de whisky cerca, del cual Bourdain bebe para ayudar a calmar el dolor; las cámaras capturan cada momento. El hombre que hace los pinchazos es Takashi Matsuba, artista de tatuajes nacido en Japón, propietario del estudio en el que Bourdain y su equipo se encuentran para grabar un episodio de Raw Craft de Balevenie.

     

    La serie web que se estrenó en 2015 y ahora está en su tercera temporada, muestra a los artesanos más talentosos de Estados Unidos, todos elegidos por el anfitrión. Para esta vez, Bourdain se está haciendo un gran tatuaje de un crisantemo en el hombro. El tatuaje se realiza en un estilo llamado tebori, un método tradicional de picar y meter. Matsuba fabrica su propia tinta y usa una herramienta llamada nomi, que elabora de forma artesanal.

     

    Bourdain tiene un número cada vez mayor de tatuajes en su delgado cuerpo, entrenado en jiu-jitsu, cada uno de los cuales cuenta una historia. Y Anthony, cuya vida ha pasado de chef adicto a las drogas a ser el autor más vendido y el amado presentador de Parts Unknown de CNN, tiene muchas historias increíbles que compartir. Mientras toma un descanso de su tatuaje (insiste en que no fue tan doloroso como parecía), Bourdain se sentó con Maxim para hablar sobre tinta, Japón e historias de fantasmas.

     

     

    Al seguir tu carrera, está claro que Japón es un lugar muy especial para ti. ¿Tu interés en tebori es una extensión de eso?

    Es una extensión natural de mi obsesión —fascinación— con casi todo lo japonés. Es muy diferente a la estética a la que estoy acostumbrado. Cuando fui por primera vez a Japón, fue un suceso increíble para mí. Cambió mi vida de maneras muy reales. La primera vez que fui a Tokio no lo podía creer. Lo comparé con mi primer viaje tomando ácido: nada fue igual para mí; sólo me hizo querer más. Si me dieran a elegir vivir en un país, o incluso en una ciudad, por el resto de mi vida sin abandonarlo nunca, elegiría Tokio en un segundo.

     

     

    Hay una tradición en Japón de los shokunin, maestros artesanos, quienes dedican su vida a hacer la espada o el cuchillo perfecto. ¿Es este estilo de tatuar similar a eso, en términos de la búsqueda de la perfección?

    Me gusta mucho la noción de “mente de principiante”, donde el maestro aparece todos los días, sin importar cuán buenos sean en lo que hacen, asumiendo que son estudiantes, no saben nada y que hay más que aprender. Creo que es una aspiración, en el sentido de que desearía tener esa actitud. Es casi como quitar lo poco atractivo para llegar a la belleza central absoluta. Desearía poder ordenar mi vida de esa manera, pero me inclino por el maximalismo en lugar del minimalismo. Pero es algo que en verdad admiro. La atención al detalle, el perfeccionismo, la concentración en cuáles son los elementos más fundamentales de la belleza, el placer, la relajación.

     

     

    ¿Cómo llegaron los tatuajes a tu vida?

    Me hice mi primer tatuaje cuando tenía 44 años, poco después de publicar Kitchen Confidential. Es un tatuaje tribal muy hermoso y ancho, y a mi primera esposa le agradó mucho. Fui y lo hice para felicitarme por mi repentino cambio de suerte luego de 30 años de trabajo en la oscuridad. No voy a decir que estaba en la pobreza, pero no estaba pagando mi alquiler por ninguno de estos 30 años. Pensé, merezco ir a hacer algo por mí mismo. De verdad lo disfruté. Te pones uno y quieres otro de inmediato.

     

     

    ¿Aún te emocionan?

    Sí. Siempre. Hay una gran fiebre de endorfinas. Como digo a menudo: “Mira, tengo 60 años. Entiendo bien que cualquier tatuaje adicional no me hará más joven, más feliz, más relevante o incluso más atractivo”. Es una cosa egoísta y personal; en broma, digo: “Ya estoy conduciendo un automóvil viejo. Está lleno de abolladuras. Una más no lo va a hacer peor”. Algunos tatuajes significan más que otros para mí. Todos ellos marcan un momento en el tiempo; no les concedo demasiada importancia, pero conmemoran de una manera que las fotografías no pueden.

     

     

    Esto no está relacionado con los tatuajes, pero ¿has escrito mucho últimamente?

    Sí, estoy escribiendo. Siempre escribo.

     

     

    ¿Todavía te levantas temprano en la mañana para escribir?

    No. En la actualidad tengo el lujo del tiempo, pero si tengo una fecha límite, entrego a tiempo; me levanto todos los días con una rutina. Estoy a la mitad de filmar una temporada [de Parts Unknown]. Escribo cuando puedo, cuando me llega la inspiración. Si me levanto en la mañana y no tengo ganas, no me fuerzo. Pero estoy trabajando en algo: Hungry Ghosts, acerca de casas de espíritus en Asia, Pacífico, Tailandia y Vietnam. Necesitan atraer a los fantasmas hambrientos lejos de la casa principal, y estoy obsesionado. Me interesan estas figuras del folklore y la historia. De alguna manera, siento un parentesco con ellos: un espíritu errante, nunca satisfecho.

     

     

     

     

    También platicamos con el chef regio Guillermo González Beristáin.

     

     

     

     

     

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