Antonio Sánchez, maestro de la improvisación

    Antonio Sánchez, maestro de la improvisación

    Platicamos con el jazzista mexicano que ha compartido escenario con los grandes del género y también es reconocido por musicalizar Birdman.

    Autor: Aarón Martínez 11 agosto, 2016


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    Fotos: Jorge Ramírez-Posada.

     

    Seguro recuerdas esa época de 2014 en que Birdman (o La inesperada virtud de la ignorancia) ocupó gran espacio en los anuncios promocionales, las noticias y las salas de cine con la ilustración del personaje principal que en su cabeza llevaba un superhéroe raro con alas. El filme, ganador de múltiples premios internacionales, causó interés, entre varias genialidades, por su guion, dirección, fotografía y música. Al respecto de este último elemento, nos encontramos con Antonio Sánchez, quien fue el encargado de musicalizar la película de manera peculiar: con su batería, improvisación pura, al estilo jazz.

     

    Nacido en la capital mexicana, Antonio Sánchez tuvo su primer contacto con la batería, una Ludwig transparente, apenas a los cinco años. Fito, un amigo de la familia, mantenía su instrumento a la vista de los invitados que llegaban a casa. “La primera vez que vi esa batería quedé totalmente impactado, y desde entonces no quería hacer otra cosa”, confiesa Antonio. Luego, su melomanía la adquirió al ritmo de los gustos de su madre, mismos que enlistan a los Beattles, los Rolling Stones, Queen, The Who y Carlos Santana. Así, sus primeros baquetazos fueron como un pequeño roquero que se inspiraba de Ringo Starr, Charlie Watts, John Bonham y las enseñanzas de Fito.

     

    Pero esa afición se hizo formal y llevó a Antonio hacia otro ritmo, el jazz, cuando escuchó My Funny Valentine (1964), con notas de Miles Davis en la trompeta y Tony Williams en la batería. “Empecé a descubrir los beneficios que la improvisación me podía dar en mi instrumento”, ahonda.

     

    A la postre, cuando tenía 21 años, la música lo condujo a Boston para estudiar en el Berklee College of Music y graduarse Magna Cum Laude en Estudios de Jazz. De ahí a Nueva York, donde realmente adquirió la pericia, el oficio, al ponerse a prueba en el escenario en distintas oportunidades con Pat Metheny, Michael Brecker, Gary Burton, Christian Lee McBride, Chick Corea, entre otros; todo un grupo de músicos calificados dentro de los mejores contemporáneos del ritmo sincopado.

     

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    Reto en el séptimo arte

     

    Una casualidad llevó a Sánchez a colaborar en cine para la película Birdman. Años atrás, Antonio supo de Alejandro González Iñárritu cuando éste era locutor de WFM; en específico, recuerda la ocasión en que programó la canción Last Train Home tocada por Pat Metheny Group —misma que terminó convirtiéndose en una de las favoritas del baterista—. Tiempo adelante, Antonio tuvo el honor de tocar con ese grupo en un concierto, mismo al que asistió González Iñárritu. Horas más tarde, en el after party del evento, “Ahí nos conocimos y comencé a platicar sin saber quién era. Después de un rato, le pregunté a qué se dedicaba, y muy sencillo me dijo: Soy director. No me quería decir bien y le pregunté que si de alguna película que tal vez yo hubiera visto; me mencionó Amores perros, y ahí ya dije: ¡Ah, eres tú!”.

     

    A partir de esa ocasión, se mantuvieron en contacto. “Cada vez que yo iba a Los Ángeles a tocar, le hablaba para ver si estaba por ahí y venía al concierto. O a veces él tenía un screening en Nueva York de alguna película, y yo iba; por ejemplo, al de Babel”.

     

    La conexión mexicana, además de la afición por el cine y la música, los puso a colaborar tras una llamada telefónica: “sonó mi teléfono, era él diciéndome: Antonio, estoy haciendo mi nuevo proyecto, voy a hacer una comedia negra, y como la comedia y el ritmo van de la mano, entonces me gustaría que la sonorización fuera con batería. Entonces, ¿cómo ves, le entras?”, rememora Antonio. La respuesta, en automático, fue aceptar el reto.

     

    “Una vez que colgué el teléfono, ahí fue cuando me entró el pánico porque me empecé a preguntar cómo le haríamos para hacer todo con pura batería. Sin embargo, tenía tanta fe en Alejandro que lo único que esperaba era ser la herramienta correcta para él”, comenta Antonio Sánchez, un par de años después de la realización, en entrevista previa a su concierto en el Teatro Metropolitan de la Ciudad de México, donde, después de múltiples premios, Birdman fue proyectada y musicalizada en vivo por Sánchez, muy fiel a la idea original: improvisación.

     

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    Birdman, como el inicio del cine sonoro

     

    “Me junté con Alejandro en un estudio de Nueva York y trabajamos con el guion —la película apenas se estaba filmando, no había nada para ver—, así que él me empezó a explicar las escenas a detalle. Se ponía enfrente de la batería y se imaginaba la escena, y yo tocaba”, describe Antonio. “Después, le pedía a Alejandro que levantara la mano cada vez que visualizara un cambio de escena; al abrir una puerta, al caminar por un pasillo”.

     

    Meses adelante, una vez que la película estaba prácticamente lista, Antonio volvió a realizar el ensayo. “Fue como sonorizar una película muda”, explica su experiencia. Todo fue impensado, eso era lo que el director buscaba, algo orgánico, al estilo jazz. “Cuando me dijo eso, funcionó perfecto para mí porque es algo que sé hacer perfectamente bien”.

     

    Así, dos días fueron suficientes para terminar. “Me enseñaron la película cuando estaba literalmente en rough cut —corte preliminar—, y con el demo original. Luego hicimos otra sesión en el estudio viendo la película: repetí todo, cambié cosas, y luego no vi la película hasta mucho después de que la estrenaron porque yo estaba de gira en Asia”. A su regreso a Estados Unidos, Antonio compró boletos para ir al cine con su esposa: “La vimos por primera vez y quedamos boquiabiertos”, retrata.

     

    Tras cámara, unos amigos mexicanos, Alejandro Iñárritu (dirección), Emmanuel Lubezki (fotografía), Martín Hernández (sonido) y Antonio Sánchez (musicalización), lograron compartir las raíces y la complicidad de una comedia negra que describe de manera única esa voz que manda, castiga, juzga; la del ego, desde dentro de Riggan Thomson (Michael Keaton), un actor desdichado que vive del recuerdo de su pasado triunfal, cuando interpretó a uno de los superhéroes más aclamados de la pantalla grande.

     

    Luego de su participación y planear una gira por el mundo en la que musicaliza la proyección del filme en vivo, Antonio Sánchez continúa con sus proyectos como jazzista: “Voy a hacer muchas cosas con mi grupo, Migration, gira por Estados Unidos, Europa y luego vamos a tocar en Bellas Artes, que será la primera vez que lo hagamos ahí; será muy emotivo para mí”. Asimismo, seguirá tocando con Pat Metheny y trabajando en un documental sobre el movimiento “Podemos” —una herramienta ciudadana en apoyo al igualitarismo— con el cineasta español Fernando de León.

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