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    Chumel Torres: El mexicano que rompió internet

    Cuando no tuvo ni un centavo para competir contra cadenas de televisión, un buen guion lo llevó a la conquista de YouTube y a las pantallas de HBO.

    Autor: Javier Malo 2 noviembre, 2016


    Fotos: Tanya Chávez.

    Fotos: Tanya Chávez.

     

    Chumel Torres es un visionario intrépido e ícono de la nueva era del entretenimiento. “AMLO propone la ‘Secretaría de la Honestidad’. Ojalá proponga pronto la secretaría de dejar de mamar tantísima verga”, así comenzó su aventura digital, por accidente, gracias a un retweet del excandidato a la presidencia Gabriel Quadri, quien en el 2012 inició su campaña en Twitter compartiendo esta opinión irreverente, altisonante y creativa de Chumel, circunscrita en 140 caracteres.
    En ese entonces, el político, sin calcularlo, lo colocó en la mira de la comunidad twittera mexicana. El resto de esta historia nos la narró el mismo Chumel en su departamento, espacio donde vive y vio nacer el noticiero de opinión y humor político El Pulso de la República (2012), uno de los canales de YouTube más vistos en México, el cual “no triunfa por el periodismo… triunfa en el humor”, nos subraya.

     

    Chumel nos invita a sentarnos en su sala y abre unas cervezas mientras cuenta cómo es que siendo ingeniero mecánico de profesión, después de diez años de ejercer en Chihuahua, apostó su futuro a una idea, a un proyecto que cuatro años más tarde lo llevaron a él y a su equipo de producción a ser los primeros latinoamericanos en brincar de una plataforma digital a una de las cadenas de televisión privada más importantes del planeta: HBO. El Pulso de la República rompió paradigmas y ahora rompe internet.

     

    El 22 de julio de 2016 es una fecha para recordar en la industria del entretenimiento latino, pues ese día se estrenó el primer capítulo del late night show Chumel con Chumel Torres, la apuesta a favor de un mexicano que estudia con maestría el humor, que hace reír a centenares de miles de latinos y que también enfada a otros —no deja espacio para la indiferencia—.

     

    Le apuesta a favor de que hoy las nuevas voces, los nuevos líderes del entretenimiento, no se gestan exclusivamente en los medios tradicionales. Ahora, incluso la televisión debe replantear sus fórmulas y darle espacio a estos talentos independientes que marcan tendencias desde las plataformas digitales.

     

    Entre el humo de un par de cigarros sobre el cenicero y tragos de cerveza nacional, Chumel nos afirma que lo mandaríamos “a las cien mil mierdas” si viéramos el primer episodio de El Pulso de la República.

     

    En su estudio, rodeado de fotos enmarcadas de sus ídolos de la comedia (Bill Murray, Seth MacFarlane, Jon Stewart, Stephen Colbert, Louis C.K.), resalta cómo esa primera “transmisión” se subió pixeleada y con mala calidad; sin embargo, hoy eso importa poco porque fue el ingenio de este equipo de mexicanos el que los ha llevado muy lejos.

     

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    ¿Pensabas que te iba a ir así de bien en YouTube o intentaste iniciar El Pulso de la República en otras plataformas?
    ¡Chequé todas! Intenté vender el proyecto a todos los periódicos de circulación nacional, tienen mails míos de hace cuatro años, pero nadie contestó. En ese entonces vendía en $8,000 pesos la cápsula. Al inicio también chambeábamos en otras cosas, por lo que acabábamos de escribir y grabar a las cinco de la mañana. Cuando esta madre siguió creciendo, me puse la meta de un año, uno en el que debía comer, beber y cagar El Pulso de la República, así que ahorré dinero y renuncié a mi trabajo, ya que no es lo mismo la pesca deportiva que la pesca para comer.

    Alcanzaste un equilibrio que no se había logrado  en México con el late night show y el humor político…
    Precisamente siento eso, El Pulso de la República no triunfa por el periodismo, triunfa en el humor. Es un formato en el que no se creía antes y no voy a bajar el nivel de mis chistes… si eres pendejo, eres pendejo. Considero que en México la pieza más influyente de entretenimiento en los últimos 15 años es cuando Andrés Bustamante entrevistó al Subcomandante Marcos, los ves cagándose de risa y con armas, diciendo lo que sea. Ahí me di cuenta que el talón de Aquiles es la comedia. Por otro lado, también estudio este formato, veo a Stephen Colbert y a Jon Stewart, como quien lee libros. Yo veo así la comedia.

    Ahora las televisoras comenzaron a ver contigo una fórmula atractiva, sabemos que recibiste ofertas, ¿cuántas fueron?
    Muchas, y al principio es difícil decir que no cuando no tienes lana. Pero los primeros que te marcan son los borrachos de la fiesta, es como un ligue. No somos los máximos creadores de contenido, pero somos los que meten los putazos más certeros.

    Si te iba tan bien en YouTube, ¿por qué aceptaste tener participaciones en Televisa en el mundial de Brasil? ¿Cómo estuvo eso?
    Fue un estigma cabrón. Nos íbamos a ir a Brasil, pero al último nos informaron que debíamos hacerlo en México. Un día antes le marqué a los productores y les dije: “Nel, ni madres. No voy a hacer nada, quédense con su dinero”. Televisa para mí es la empresa más maléfica del mundo, me convenció el productor de hacerlo, me dijo “te la pasas cacareando que no hay contenidos chingones, pues te estoy dando el micrófono, haz un contenido chingón”. Y lo hicimos.
     

    ¿Qué tal les fue?
    ¡Tronamos los servidores de Televisa! Si agarras todos los contenidos que hicieron en el mundial, los sumas y los multiplicas por dos, eran la mitad de nuestras vistas totales.

    ¿Aprendiste alguna lección después de participar con una empresa “maléfica”? En las redes sociales decían  que eras un “vendido”…
    La parte perra de esta experiencia sí fue una lección importantísima: ¡llegué a recibir 3,000 tuits de odio diarios! Ese nivel de frustración es bien feo.

    Hablemos de tu nuevo gran proyecto. ¿Cómo fue que aceptaste unirte a HBO?
    Las cosas que me hacen sentido, las hago, así de fácil. Lo que veo en HBO es gente que se fija en el contenido y después en quedar bien. Era lo que siempre busqué: libertad creativa completa. Aunque al inicio no acepté, decirle que no a “la más bonita de la prepa” siempre es un pedo. La verdad llevaba un año preparándose.
     

    En teoría, esa libertad se siente increíble, ¿pero no te da incertidumbre que algún día HBO te diga que le bajes al tono de tus contenidos políticos?
    Hay momentos para ser una dama y momentos para ser un cerdo, si HBO me censurara sería como darse un balazo en la cabeza. Le entramos a esta propuesta por la oferta de poder decir lo que sea y si me bajan de ahí, me largo. Somos amigos, pero no nos debemos nada. También dejé en claro que iba a seguir haciendo El Pulso de la República porque es mi bebé y me mama hacer YouTube.

    Ahora eres una referencia en la creación de contenidos y  ocurre cuando la televisión abierta vive una crisis. Me parece que lo que pasó contigo y HBO es una señal de que ya es tiempo de hacer cambios…
    Creo que uno de los ejemplos más bonitos de la comunicación en México fue Ensalada de locos. Era media hora de mamar e improvisar de una manera excepcional. Existe un nicho para éstos, pero no quitan contenido, como las telenovelas y Laura en América, por consecuencia la televisión está pagando sus pecados. Quieren hacer Big Brother otra vez, pero eso ya no va a jalar porque estamos viendo pinche Netflix o Roku; además falta un escritor cabrón que en lugar de escribir sobre las chichis de Martha Higareda, ponga a Blanca Guerra a actuar perro. No es necesaria la masificación de contenidos, ése es el gran problema de la tele.

    En diferentes plataformas digitales también  encontramos muy buenas opciones, pero también contenido burdo, ¿cómo sientes el estatus en México?
    Si ves en YouTube un capítulo del Werevertumorro y te desagrada, es que no es para ti, pero hoy él es el Adal Ramones de los morros. A veces no es tan importante que el contenido sea tan “illuminati”, pero debe ser charming. Las audiencias de digital y de la tele son muy distintas: las de las televisión son una tonelada de paja y las de internet es como si tuvieras un kilo de LEGO. El Pulso de la República creció porque yo lo dejé madurar cuatro años. Si te enseño el primer capítulo, me mandas a las cien mil mierdas. Hay contenido para todos, también hay Sabadazo en digital, el punto es que ya no tienes que ver eso a huevo. Hoy se trata de la democratización real de los medios y consiste en que yo veo lo que quiero ver.

    Con las miras puestas en producciones disponibles en internet, ¿la televisión podrá recuperar audiencia?
    Le va a costar un chingo de trabajo porque ni siquiera se trata de recuperarla, ya que las nuevas audiencias no crecieron con la televisión. Nosotros sí vivimos la transición de dejar de verla, pero en realidad no renunciamos a ésta, sólo cambiamos la plataforma y los contenidos; en lugar de los Mascabrothers ahora buscamos a Jimmy Kimmel.

    ¿Y qué ocurre con tu formato?
    En el caso de los late night show en México, no tenemos un star system. Por ejemplo, me imagino haciendo un sketch en el que quisiera a Galilea Montijo interpretando a Blancanieves y a Fernando Colunga haciéndola del príncipe, pero en la historia él no le quiere decir a ella que es gay. Ésa es una súper idea, sin embargo, estos actores no se animan a hacer este tipo de cosas. En cambio, en el sistema estadounidense ves a Justin Timberlake cantando, bailando, actuando y vistiéndose de sopa haciendo un sketch cagado. En México la industria no educa a los actores a hacer de todo. Los políticos también participan, hasta Trump hizo Saturday Night Live y Obama ha participado en programas en vivo, pero en México eso no va a pasar nunca porque vemos al presidente como si estuviera en una torre de marfil.

    ¿Pero hay manera de cambiar eso?
    Sí le veo esperanza, pero es tratar de romper un bloque irrompible. La tele no es tele, son patrocinadores; no es entretenimiento, es un comercial 24/7. Por eso sacaron Ensalada de locos, hicieron el chiste de Bomberito Juárez y el PRI dijo “Fuck it” y se acabó. A mí me pasó en la elección intermedia, me hablaron todos los partidos políticos, ofreciendo lana seria pero les dije que ése no es mi pedo. No es lo mismo vender cocas que vender votos.

    Por todo lo que hizo la televisión y no adaptarse a estos nuevos tiempos, ¿se merece lo que le está pasando?
    Se lo merece, y soy el más feliz viendo esta crisis. Siento que estamos como en Fight Club, esa escena final cuando empiezan a explotar los bancos. Así estamos ahorita, tiene que pasar y pagarán sus pecados.

    Recibes mensajes de odio, regalos de admiradores y has sido trending topic. ¿Cuándo te diste cuenta del impacto que tienes con más de millón y medio de suscriptores?
    Hubo un brinco. Como a los diez programas me habló Yayo Gutiérrez para invitarme a su programa en YouTube, pero yo no sabía quién era. Después de eso las diez mil vistas que registrábamos subieron a 250,000 porque nos puso en el spotlight.

    ¿Qué tal el festejo cuando llegaste al millón de suscriptores?
    Hicimos una fiesta, fue una bacanal marrana y llegó gente de todo México. Fue de entrada libre, pisto gratis y playera conmemorativa del evento. ¡Una locura! Me decían: “¿seguro que lo quieres hacer gratis?”, y contestaba: “ellos pagan la renta porque hay un chingo de dudes viendo nuestro contenido. Lo menos que puedo hacer es invitarles una chela”.

    ¿En qué otros proyectos trabajas?
    Está bien cabrón, hacemos varias cosas actualmente. Tenemos un programa de deportes que se llama Deportología, acabamos de realizar una mesa de debate –está muy cagada– y fundé una compañía porque queremos hacer un South Park mexicano. La serie está terminada en guion, pero es un desmadre hacer animación, aunque seguimos con eso y estamos escribiendo un libro de historia de México.
     

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    Tu historia suena muy bien, pero en el camino al éxito, ¿tuviste momentos de crisis?
    ¡A fuerza tienes que vivir una! Me pasó cuando teníamos 250 mil seguidores. No iba mal el proyecto pero no caían patrocinadores. Se me estaba acabando el varo y tenía 26 pesos en la bolsa. Un cuate me invitó a desayunar y le confesé que no traía para comer, entonces me pichó el desayuno. Cuando terminamos me dijo que pusiera la propina y se fue al baño. Entonces llegó la mesera y llorando le tuve que decir: “señorita te quería dejar propina, pero no traigo ni un peso. Te lo juro”, ella me tranquilizó y hasta me regaló un café. Después mi cuate me dejó en el metro y cuando se fue me salí para regresarme caminando de Hidalgo a Zapata. Iba llorando y pensando: “¿Cómo coños? Tenía la vida ya resuelta. Estoy bien pendejo”. Ese día cené lo que había en mi casa, un Mamut y medio Red Bull. Ésa fue mi cena. No conozco alguien que le haya ido chingón sin vivir un episodio de crisis cabrón. Te forman.

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