Cómo pasó Disney de la ruina en los 80 a ser dueña de casi todo en 2019

    Cómo pasó Disney de la ruina en los 80 a ser dueña de casi todo en 2019

    No siempre fue miel sobre hojuelas.

    Autor: Redacción Maxim 5 diciembre, 2019


     

     

    El renacimiento de Walt Disney Company

     

     

    Hoy en día nos asombramos de la cantidad de contenidos exitosos que posee la compañía que fundó Walt Disney en 1923. Sin embargo, en la década de los 80, hace casi 40 años, vivía una crisis amarga de la que muchos pensaron que jamás se recuperaría.

     

    En 2019, siete de las 10 películas más taquilleras del año en todo el mundo, son producciones de Disney, Avengers: Endgame, El Rey León, Spider-Man: Lejos de casa, Capitana Marvel, Toy Story 4, Aladdin y Frozen 2, acumulando casi 10 mil millones de dólares. Y eso que aún no se estrena Star Wars: The Rise of Skywalker, con lo cual podemos asegurar que Disney habrá producido ocho de las 10 cintas más exitosas en el planeta.

     

    Y eso solo es en la pantalla grande. Ya le entraron a la guerra del streaming con su plataforma Disney Plus, y a solo unos meses de su arranque, la serie The Mandalorian ya derrocó a Stranger Things como la serie con más views en este tipo de servicios.

     

    Tal vez Baby Yoda tenga algo que ver en ello.

     

     

    Por si esto fuera poco, este año se hizo oficial la compra de 20th Century Fox por parte de Disney, con lo cual en los próximos años veremos algunas de sus franquicias exitosas comenzar a generar más contenido y recaudar millones de dólares, como Los Simpson, por ejemplo.

     

     

    Parece que se está apoderando del mundo pero no siempre fue así. La gran crisis de Disney comenzó a principios de los 70, luego de la muerte de Walt Disney y su hermano Roy. La compañía quedó a cargo del yerno de Walt, Ron W. Miller, junto con Don Tatum y Card Walker.

     

    Esta época tuvo varios intentos fallidos por mantener el rumbo sin perder la esencia, como el caso de Mi amigo el dragón de 1977.

     

     

     

    Y mientras George Lucas rompía el mercado precisamente con Star Wars. Disney respondía tarde con Dragonslayer, y solo para fracasar.

     

     

     

    El acabose aumentó cuando el animador Don Bluth desertó de la producción de El zorro y el sabueso, llevándose consigo a otros 11 profesionales, para montar su propio estudio.

     

     

    Y mientras Bluth estrenaba la memorable Un cuento americano, Disney tropezaba con El caldero mágico y Policías y ratones.

     

     

    Recordemos que antes de esta crisis, la compañía Disney venía de al menos tres décadas de éxitos rotundos como Blanca Nieves y los siete enanos (1937), Dumbo (1941), Los tres cabelleros (1944), La Cenicienta (1950), Alicia en el País de las Maravillas (1951), Peter Pan (1953) y 101 dálmatas (1961), solo por mencionar un puñado de su larga lista de animaciones que marcaron a esas generaciones.

     

    Es por eso que después de al menos una década de fracasos, la situación fuera alarmante. En 1984 toma el mando como director ejecutivo Michael Eisner, y junto con él, Jeffrey Katzenberg, un joven dúo que provenía de Paramount, que en ese entonces se había ganado fama por revivir la franquicia de Star Trek, y  generar éxitos de taquilla con presupuestos limitados como Vaselina, Fiebre de sábado por la noche y En busca del arca perdida, dirigida por Steven Spielberg.

     

    Es precisamente Steven Spielberg quien termina siendo clave en esta historia, ya que se le encomienda la misión de producir Roger Rabbit, una película que mezclaba live action con animación.

     

     

     

    Poco a poco, la compañía volvió a enderezar el camino, sobre todo con la aparición de La sirenita en 1989, seguida de La Bella y la Bestia (1991) y Aladino (1992), cintas que volvían a tener la esencia musical de las clásicas películas de animación tradicional de Disney pero desde tramas nuevamente entrañables, con enfoques y tonos de humor renovados.

     

    El año clave fue 1994, con el estreno de El rey león, la inauguración de un nuevo edificio de 22 mil metros cuadrados en Burbank (durante los años de crisis, la división de animación estuvo repartida en hangares, almacenes y remolques), y la versión final del guion de Toy Story, la primera colaboración entre Disney y Pixar, un estudio de animación cien por ciento con computadora.

     

    Disney había tomado una de sus grandes decisiones antes, en 1991, cuando decidió apoyar a Pixar con el 12.5% de las ganancias, a cambio de ser el estudio propietario de la historia y de sus personajes.

     

     

     

     

    El resto, como dicen los clásicos, es historia.

     

     

    ¿Qué lecciones crees que nos deja este renacimiento? Dinos en los comentarios.

     

     

     

    Mientras lo piensas, te dejamos con LOS MOMENTOS MÁS INCÓMODOS DEL 2019.

     

     

     

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