Darío Yazbek Bernal y la segunda temporada de La Casa de las Flores

    Darío Yazbek Bernal y la segunda temporada de La Casa de las Flores

    Vuelven los De la Mora.

    Autor: Aarón Martínez 1 octubre, 2019


    Foto: Karla Lisker

     

    A propósito del melodrama que refrescó su género desde el streaming, conversamos con Darío Yazbek Bernal sobre la segunda temporada de La Casa de las Flores.

     

    El lanzamiento en Netflix de La Casa de las Flores significó un parteaguas en la concepción que se tenía del melodrama en México. Esta historia dirigida por Manolo Caro gira en torno a una florería, que en apariencia es el negocio que sostiene a la familia De la Mora, sin embargo, está llena de secretos disfuncionales.

    Su gran éxito al tocar temas como la sexualidad, las drogas y la familia con un humor peculiar y un tanto negro, llevó al Gigante Rojo a poner en marcha la segunda temporada con estreno el 18 de octubre.

    Tras la inesperada muerte de Virginia de La Mora (Vero Castro), la familia se haya en un punto de quiebre del cual tendrá que salir adelante. Paulina de La Mora (Cecilia Suárez), quien ahora vivirá en Madrid, estará obligada a volver a México al saber que el testamento de su madre ha sido impugnado.

    Al volver, encuentra su núcleo familiar muy debilitado: su padre Ernesto (Arturo Ríos) se ha unido a una secta espiritual, su hermana Elena (Aislinn Derbez) está viviendo una crisis de identidad a consecuencia de sus relaciones amorosas y Julián (Darío Yazbek) ha encontrado un trabajo que solo lo llevará a tener más problemas.

    Fue en este contexto que nos encontramos precisamente con Darío Yazbek para conversar sobre las nuevas historias y risas que nos tiene preparada la serie.

     

    Anterior a La Casa de las Flores, habías sido productor, hecho teatro, estudiado en Inglaterra, no obstante, esta serie te catapultó a nivel de fama, ¿cómo fue ese salto, ese cambio de perspectiva?

    La verdad es que sí me ha ayudado mucho a tener perspectivas, a buscar nuevos proyectos, y también a pensar muy bien lo que quiero hacer, el tipo de proyectos que quiero, y el tipo de cosas que quiero desarrollar como productor. Creo que todo ha sido una construcción y una madurez muy importante. Estoy muy agradecido con todo lo que ha pasado. Las puertas que se han abierto.

     

    En la primera temporada, Julián, tu personaje, es un chavo que vive sin ser realmente consciente de lo que quiere o hace. Para esta ocasión, ¿cuál es la transformación de tu personaje?

    Creo que tiene que hacerse responsable por sus acciones, por sus irresponsabilidades, y eso lo lleva a situaciones en las que él tiene que crecer. Hay varios elementos en juego en donde él tiene que seguir adelante con su vida, y es la vida la que lo obliga a madurar.

     

    Con la pérdida de Virginia (Vero Castro), quedan sueltas las riendas de la familia, ¿quién tomará el control?

    No es que alguien tome las riendas, sino que el núcleo familiar sufre una pérdida y en ese sentido se separa un poco la familia y tiene que reencontrarse, es un proceso de crecimiento. La segunda temporada es un poco eso, reagruparse al perder el pilar. Entonces, los hermanos tienen que reencontrase para seguir adelante. Y esa idea se me hace muy fuerte, muy poderosa, porque sí, efectivamente, al final del día lo único que uno tiene seguro es la familia.

     

    ¿A qué elementos debe poner atención el público que ya está enganchadísimo con la serie?

    De igual forma, hay que poner atención al desarrollo de las relaciones familiares y creo que está muy presente la búsqueda de una relación amorosa que sea funcional, y esa parte del crecimiento de ir negociando en la relaciones y cómo el amor lo debes ir construyendo, que de repente tiene altibajos, que tiene sus momentos duros, feos, pero que también hay momentos en los que se encuentra.

     

    Platícame de los días de producción…

    Fueron 10 semanas de rodaje, y la verdad fue un proceso muy divertido. El hecho de ya haber trabajado con los personajes, con los actores, con Manolo y el equipo de producción fue bastante liberador porque ya sabíamos lo que estábamos haciendo. La serie ya tenía su identidad, éramos muy conscientes de hacia dónde la estábamos llevando, qué estábamos construyendo y creo que eso fue muy disfrutable de nuestra parte, que además la serie en esta temporada toma un tono muy alocado, creo que el delirio se exacerba en todos los sentidos, y eso es divertidísimo; de repente nuevos mundos, nuevos personajes, situaciones muy extrañas, toma muchos riesgos al igual que en la primera temporada, pero ya muy conscientes de qué es la identidad de la serie, y eso la verdad es que se agradece mucho como actor, y también como público.

     

     

     

     

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