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    Desafío a los mares: vivir entre tiburones

    El biólogo marino Mauricio Hoyos se enfrenta a las aguas del Pacífico mexicano para trabajar en su más grande pasión: el estudio de los tiburones.

    Autor: Redacción Maxim 2 junio, 2017


     

    El doctor Mauricio Hoyos dejó la superficie terrestre a cientos de kilómetros para adentrarse en el hábitat de un animal que tiene cerca de 450 millones de años sobre la faz de la tierra. Es uno de los principales expertos en tiburones del país, creó la fundación Pelagios Kakunjá, con la cual se logró que el archipiélago de Revillagigedo fuese declarado Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), por su ardua investigación sobre el tiburón punta plateada que habita en la zona.

     

    Nos habló sobre su trabajo de los últimos 18 años y de cómo es la vida en el corazón del mar, donde pasa alrededor de nueve meses por año, y sus únicos vínculos con la civilización son su equipo de trabajo y un teléfono satelital con el que puede intercambiar breves correos electrónicos de 250 caracteres, en casos de emergencia.

     

    El experto en escualos sabe que el Hombre Maxim “busca las mejores herramientas para llevar a cabo todas sus tareas” y nos reveló, cómo y cuáles son las suyas. Inteligente, valiente y audaz, está logrando lo que muchos no se atreverían a hacer.

     

     

    ¿Cómo surgió tu interés en los tiburones?

     

    Desde que vi la película de tiburón en los 70, en lugar de que me diera miedo, me enamoré y decidí que iba a trabajar con ellos, todos mis juguetes eran de tiburoncito.

     

    Entonces, lejos de causarte temor aquella impactante película, ¿te generó interés?

     

    Así es. Hay demasiados mitos detrás de los tiburones y por eso doy pláticas al público en general, para tratar de cambiar la percepción que se tiene gracias a la película.

    Un tiburón es como cualquier animal, mientras tú tengas las precauciones necesarias no pasa nada, ellos te demuestran si  no están a gusto con tu presencia: bajan las aletas pectorales, se encorvan, y si tú ves eso, simplemente te alejas y no pasa nada.

     

    ¿Nunca te han dado miedo los tiburones?

     

    Respeto, pero temor nunca, porque me encantan. Tienes que tomar en cuenta que es un depredador y que está en el tope de la cadena trófica; está buscando alimento y cree que tú puedes llegar a ser parte del ciclo. Afortunadamente en Guadalupe, que es donde trabajo con el tiburón blanco, la visibilidad es súper buena y el animal jamás va a pensar que eres una foca.

     

     

    Imagino que desde los 70 querías estar rodeado de tiburones, ¿cómo fue tu primer contacto?

     

    La primera vez que tuve contacto con un tiburón vivo, fue con un punta negra en el 98, fue asombroso; pero en el 2003 en Isla Guadalupe, estuve con un tiburón blanco y ahí mismo encontramos uno que medía como cuatro metros y medio. Entre los depredadores, el más grande es el tiburón ballena que puede medir hasta 13 metros y se cree que puede llegar hasta los 18, a ese lo vi por primera vez en 2001 en Bahía de la Paz; sin embargo, de los depredadores de animales, el blanco es el más grande. De hecho, ese tiburón blanco que vimos en 2003 es el de mayor tamaño que se ha grabado y nuestro video le dio la vuelta al mundo.

     

    Iba con Discovery Chanel, estábamos haciendo un documental y justo apareció esa hembra que seguimos por tres horas con un autonomous underwater view, que es como un dron para seguir animales, ésa fue la primera vez que se usó esa tecnología en Latinoamérica. Pensamos que era un tiburón ballena, pero ahora tenemos el registro de un animal tan grande de esta especie con vida.

     

    En estos años de aventuras, ¿alguna vez has estado en riesgo?

     

    Sí, pero el riesgo no tiene que ver con los tiburones, sino con otros fenómenos, como huracanes; me pasó en Isla Guadalupe, donde se me ha hundido la lancha tres veces. Una ocasión nos tuvimos que quedar 24 horas a bordo de la lancha durante un huracán, porque no podíamos llegar a tierra, en ese momento no teníamos idea de qué iba a pasar. Es el mayor riesgo que he corrido, y nunca ha sido por un tiburón, sino por los huracanes.

     

    No sólo te desconectas del internet, sino prácticamente de la civilización, ¿cómo es la preparación para este tipo de expediciones?

     

    En Isla Guadalupe estamos a 241 kilómetros de la costa de la península de Baja California, si llega a suceder algún accidente es dificil que te puedan evacuar. Por eso, tienes que pensar las cosas muy bien antes de hacerlas. En el reino animal todo tiene que ver con la actitud, si tú actúas como una presa, eres una presa, pero si en cambio mantienes tu territorio y te comportas como otro depredador, es más probable que impongas respeto y mantengas la situación bajo control.

     

     

    ¿Cuáles son tus herramientas necesarias para estar trabajando allá afuera?

     

    Principalmente equipos de telemetría acústica y satelital, el primero es un dispositivo que se le coloca a los animales para conocer sus movimientos, y el segundo es para saber sus formas de migrar. Así es como descubrimos en qué profundidad están y si hay sitios en los que prefieren estar.

     

    También mi reloj es un gran aliado, el Gulfmaster GWN-Q1000 de G-SHOCK; lo utilizo para muchas cosas, principalmente para medir la profundidad cuando estamos buceando, porque puedo sumergirlo hasta 200 metros; también la brújula, para las veces que bajamos y tenemos que encontrar aparatos en diferentes partes submarinas; utilizo mucho el barómetro, ahora que estaré en isla Guadalupe, así puedo saber si habrá un huracán, porque estamos aislados de toda información y con el reloj puedo saber si hay bajas de presión; este reloj también me da latitud y longitud, para saber en dónde estoy, entonces es súper útil cuando trabajas en localidades tan aisladas como Clipperton que está a tres días de tierra. Es un reloj para tenerlo en campo, que además es solar y resistente a impactos.

     

     

    Estás más tiempo con los tiburones que con humanos, salvo por los miembros de tu equipo, ¿cómo es vivir alejado de todo y qué es lo que más extrañas?

     

    Gano mucho al estar lejos, prefiero estar en medio de la nada que en tierra, porque me encuentro conmigo mismo y ahí te das cuenta de todas las cosas que tienes; hay veces que nos hemos quedado sin alimento y sin agua. Nunca en la ciudad piensas en que te pueda suceder, pero estando a bordo, valoras todo lo que está en tierra.

     

    Extraño el mar cuando no estoy en él, porque es regresar a ponerte el chip de la ciudad y prefiero estar en contacto con la naturaleza; siento que muchos seres humanos han perdido ese contacto y ya no se sienten parte del todo.

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