Diego Osorno: el escritor que se atrevió a filmar | Maxim México tiene todo lo que necesitas para disfrutar de la vida | Maxim México

    Diego Osorno: el escritor que se atrevió a filmar

    Platicamos con una de las voces más potentes y arriesgadas de la literatura mexicana actual.

    Autor: Andrei Vásquez 9 enero, 2018


    Foto: Aldo Ayllón.

     

    Al hablar de la situación actual de México, se ha vuelto una constante citar a Diego Osorno, con libros como El Cartel de Sinaloa, sobre el uso político del narco; Slim, acerca del hombre más rico del país, y Nosotros somos los culpables, que aborda la tragedia de la guardería ABC.

     

    A sus 37 años, el regiomontano se ha convertido en un punto de referencia del periodismo nacional. Su pulsión narrativa “es un asunto de curiosidad, aunque no siempre acaba bien. Por cada libro hay un montón de proyectos fallidos porque no pude satisfacer mi curiosidad”, comenta Diego, quien se involucra por completo en cada libro porque de acuerdo con él “puede venir de una emoción, como de algo que sentí y no logro descifrar. A veces también de las vísceras, de algo que me duele. Y lo quiero exorcizar tratando de contar una historia”.

     

    Tan es así que el formato de libro le ha quedado chico. No sólo ha experimentado con varios géneros periodísticos; su búsqueda narrativa lo ha llevado a otras plataformas como el cine documental, y fue justamente en 2017, cuando decidió invertir más tiempo a esta labor. Ya contó historias como El alcalde (2012), Entrevista con un Zeta (2013) y Dios nunca muere (2016); este año se estrenó La muñeca tetona, corto documental que habla sobre la relación entre los intelectuales y las cúpulas de poder; por si fuera poco, Diego está terminando otros proyectos que audiovisuales que nos sorprenderán en los próximos años.

     

    ¿De dónde salen tantos libros?

    Me implico demasiado en las historias, hago una inmersión en cada tema, de manera total, para desgracia de mis seres cercanos (risas). Mi libro Un vaquero cruza la frontera en silencio (Random House), es el único que he gozado escribir. Todos los demás los he sufrido: han sido tensos, tortuosos. En realidad la parte disfrutable, si es que la hay, es cuando publicas o proyectas un documental y sientes que la gente interactúa, se informa y empieza a tener preguntas. A veces hay amenazas o presiones porque casi siempre son sujetos o entes de poder, y hay mucho desgaste.

     

    ¿Nos puedes mencionar alguno de esos desgastes emocionales?

    Después de que publiqué El Cartel de Sinaloa me buscó un hombre y me dijo: “Oiga, yo fundé el Cartel del Golfo y quiero verlo”. Era Oscar López Olivares, el hombre que traicionó a Juan García Ábrego. Organizamos una reunión y el primer día llega y me dice: “Leí su libro, es tan bueno que si yo estuviera en funciones, lo hubiera mandado a matar”, y se empieza a reír. Con ese sentido del humor me cuenta su historia, un testimonio muy valioso porque habla de cómo los soldados veteranos de la guerra de Vietnam dirigían el contrabando a Tepito, y cómo esos mismos aviones empiezan a transportar droga y se abre la ruta de Tamaulipas. Publiqué su testimonio como un capítulo de mi libro La Guerra de los Zetas, y después de eso no me la acabé de amenazas y chantajes, porque él quería que yo escribiera más, me había dicho tantas cosas, casi un libro, y yo publiqué sólo lo que me parecía sustancial o verificable. Fue muy angustiante, no es nada agradable que un capo te fastidie.

     

    No conforme con todo eso, ahora también haces documentales, ¿cómo fue esa transición?

    No lo tengo claro, la verdad. En esencia soy lector y mi formación visual es menor comparada con mi formación periodística o literaria, pero hace como 10 años empecé a explorar en ese sentido, me pedían historias para volverlas películas. No me gustaba cómo quedaban, empecé a involucrarme y descubrí que era una herramienta interesante, el documental, no sólo para informar sino para transmitir sensaciones, experiencias.

     

    ¿Al mexicano le gusta ver reflejada su realidad?

    Sí, hay un público interesado en lo que pasa. No es por nada que el documental y la crónica tengan ahora su mejor momento. Es difícil medirlo pero yo tengo la percepción de que sí, por estas cosas que te digo y aunque no le gustara al público, para mí la realidad es mi musa.

     

    ¿El arte debe cambiar la realidad?

    Sin arte no se puede hacer una denuncia eficaz de las fallas que puede tener la realidad. La importancia del arte en mi trabajo es que puede hacer trascender la realidad, no sé si la cambies, pero la trasciendes, la complejizas, la problematizas y le das al espectador mucho más que una postura dogmática. Lo atractivo del mundo artístico es la libertad, un artista transgrede ya por definición, pero es un error poner “mandamientos sociales del artista”.

     

    Sin importar la edad, los hombres seguimos teniendo juguetes, ¿cuáles son los tuyos?

    Me gustan mucho los autos, las pick ups. La Lobo Harley; me gustaría coleccionar camionetas viejitas y arreglarlas pero no tengo tiempo ni recursos para eso. También colecciono libros, no sólo soy lector, me gusta el objeto. Las pick ups me remiten al rancho; los libros me remiten a mi familia, que son como los dos elementos de mi infancia, son vehículos que me transportan a ese origen.

     

     

     

    LOS LIBROS DE DIEGO OSORNO QUE DEBES BUSCAR PERO YA

     

     


     


     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

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