El secreto de la bebida del toro rojo
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    El secreto de la bebida del toro rojo

    El mercado del toro rojo todo un imperio.

    Autor: Redacción Maxim 13 noviembre, 2019


    FOTO: GettyImages

     

    Hay un secreto detrás de cómo el austríaco Dietrich Mateschitz convirtió una bebida energética en un imperio internacional.

     

    Texto por Keith Gordon

     

    Dietrich Mateschitz era tan solo otro empresario y director de marketing de visita en Tailandia a comienzos de los años ochenta tratando de expandir el mercado para su compañía de bienes de consumo llamada Blendax. Así que no fue nada raro cuando el cansado viajero abrió una pequeña botella de un brebaje estilo jarabe muy popular en Tailandia y en especial entre los choferes de tráileres y obreros. La bebida, llamada Krating Daeng (en tailandés quiere decir Toro Rojo o Red Bull), no solo le dio a Mateschitz la energía que necesitaba sino una chispa de inspiración. Donde algunos hubiesen visto una oportunidad, el emprendedor austríaco observó algo más: las semillas de un imperio.

    Dietrich Mateschitz nació en Austria en 1944. Profesionalmente se desarrolló tarde pues le tomó una década terminar su licenciatura y tardó bastante tiempo en comenzar a trabajar para corporaciones dedicadas a los productos de consumo en el área de ventas o marketing. Fue durante uno de estos periodos que Mateschitz visitó Tailandia. Ya se había dado cuenta previamente del mercado de las bebidas energéticas, las cuales eran populares en algunos países asiáticos. Pronto, Mateschitz se puso en contacto con Chaleo Yoovidhya, el empresario tailandés dueño de Krating Daeng (uno de los productos más populares de Tailandia), y ambos formaron una asociación que se convertiría en la base para la eventual corporación Red Bull. Cada uno de ellos tomó el 49% de la nueva compañía y el hijo de Yoovidhya, Chalerm, obtuvo el restante 2%.

    Avancemos hasta 1987, cuando el producto nuevo de esta alianza, una versión más digerible, más grande y carbonatada de la receta original con el nombre de Red Bull llegaba al país natal de Mateschitz. Luego de mucho trabajo por parte de Mateschitz para establecer la marca ahí, y eventualmente en Hungría y el Reino Unido, el negocio comenzó a arrancar, cruzando fronteras de manera rápida. Las latas de color azul y plata están disponibles actualmente en 171 países en el mundo. Y mientras que no hay duda de que el producto en sí mismo es tremendamente popular (con más de 68 billones de latas consumidas desde su lanzamiento), lo que convirtió a una empresa en un imperio de bebidas energéticas fue el genio en mercadotecnia de Mateschitz.

     

     

    Él es un hombre que rara vez da entrevistas o hace apariciones públicas. Con un valor estimado en más de $25 billones de dólares, Mateschitz pasa la mayor parte de su tiempo en Austria o en su isla privada en Fiyi, desde donde supervisa su imperio, apareciendo de vez en cuando en público para brindarle apoyo a su equipo de la Fórmula 1 o a la fundación Red Bull “Wings For Life”, organización no lucrativa dedicada a la investigación de la médula espinal.

    Mateschitz ayudó a crear la fundación luego de que un accidente dejará al hijo de su amigo Heinz Kinigadner –piloto de motocross profesional cuadripléjico. La organización ha recaudado y usado millones de dólares para reunir a las mentes más brillantes en el área para encontrar una solución a las lesiones de la médula. Sin embargo, por más bajo perfil que tenga Mateschitz, lo mismo no puede ser dicho de su empresa.

    Millones de dólares se emplean en acciones, deportes y aventuras, tales como las competencias de automovilismo y de aviones, saltos de gran altura, el ciclismo de montaña cuesta abajo, la carreras de autos sobre hielo, etc. Red Bull gasta mucho dinero y acapara todas las miradas tanto en eventos serios como el record impuesto por Felix Baumgartner al saltar desde la estratosfera, y de aquellos más divertidos como el Flugtag, en el que los competidores intentan volar máquinas de fabricación humana desde un muelle hacia el agua.

     

     

    Los eventos patrocinados por Red Bull no son simplemente deportes para observar. La empresa los transforma en festivales o fiestas bien construidos que ofrecen al público diversión y emoción.

    Hoy en día es difícil encontrar un vehículo de cualquier tipo, o un ser  humano que trate de desafiar la gravedad que no esté representado por Red Bull. Entra a cualquier tienda en los países donde Red Bull se vende, y seguramente vas a encontrar la inconfundible lata con dos toros rojos enfrentándose. Inclusive, tal vez ese sea el más grande detalle del genio de Dietrich Mateschitz: no solamente fue capaz de crear un mercado de la nada sino que además pudo expandir ese mercado de manera global con tan sólo su genialidad publicitaria. Treinta y un años después de crear Red Bull, Mateschitz ha llevado su creación a alturas inimaginables.

     

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