Entrevista con el diseñador P. Johnson
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    Entrevista con el diseñador P. Johnson

    Confección desde Oceanía.

    Autor: Redacción Maxim 19 diciembre, 2019


    P. Johnson surgió de Australia para convertirse en uno de los creadores de trajes personalizados más prestigiosos del mundo.

     

    Texto por Nick Marino

     

    Australia se conoce por muchas cosas, principalmente por el surf. El campo, tal vez. Y si somos generosos, incluso por el pinot noir australiano. Pero con todo respeto, los dos principales productos de exportación por los que más se le conoce a Australia es por las dos principales modas del país: los horribles suéteres Coogi y una desafortunada línea de trajes de baño conocida como Funky Trunks.

     

     

    “Soy del fondo del mundo”, dice el diseñador Patrick Johnson, tan alegre y autocrítico como cualquiera que puedas conocer de esta parte del mundo llamada coloquialmente como el Down Under. “Literalmente, somos la última parada. Y entendemos que no estamos en el centro del mundo, por lo que no tenemos ningún tipo de ego. Literal, estoy viendo a nuestros clientes partir. ¿Cómo puedo hacer que estos hombres se sientan realmente cómodos, geniales y vestirlos de una manera muy fácil y natural?”.

     

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    Su solución es la sastrería. Y si la idea de un traje hecho a la medida parece lo opuesto a “fácil” y “natural”, espera un momento. “Siempre hemos estado en el lado informal de la confección”, dice Johnson. “Nos centramos en la suavidad y la ligereza”. Eso significa hombros naturales, en oposición a las hombreras británicas rígidas que te hacen ver como si estuvieras vigilando Westminster. Significa puños con botones para que puedas arremangarte las mangas. Significa pantalones tan cómodos que pudieran tener cordones de ajuste. Significa chamarras que están, como lo refiere Johnson, “completamente desestructuradas. Y no me refiero a “desestructurado” como si no tuviera forro. Está hecho sin estructura en el interior, lo cual es algo bastante único y en lo que nos especializamos”.

     

     

    P. Johnson, quien celebra su décimo aniversario, creció de una pequeña marca australiana hasta convertirse en un jugador internacional con salas de exhibición en Sídney, Melbourne, Londres y Nueva York. Toda su ropa está hecha en la Toscana. Johnson creció en el sur de Australia. (Todas las ciudades de las que has oído hablar están en la Costa Este del país.) Vivió “toda la vida afuera», montando motos y caballos, las típicas actividades de un niño de esa parte del mundo. No tenía interés alguno en la moda.

     

    “Me interesé en la ropa porque mi padrastro, un hombre fantástico, le gustaba mucho la ropa”, dice Johnson. “Él iba a Savile Row dos veces al año, todos los años, a que le confeccionaran sus trajes”. Cuando llegó el momento de la universidad, Johnson se inscribió en Central Saint Martins de Londres, considerada generalmente como la principal escuela de moda del mundo, para luego abandonarla y convertirse en aprendiz del maestro fabricante de camisas Robert Emmett. Los dos se conocieron cuando Johnson, de camino a un pub, literalmente chocó con Emmett frente a su tienda en Chelsea. Después de siete años con Emmett, Johnson incursionó por su cuenta.

     

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    El ascenso de su compañía en la última década siguió el auge global de trajes personalizados accesibles, desde minoristas como Suitsupply hasta compañías en línea que te venden trajes a la medida luego de que personalmente tomes tus medidas, como si eso pudiera ser preciso.

    “Me lleva un año entrenar a uno de nuestros muchachos solo para tomar medidas —¡solamente las medidas!—, porque eso es realmente lo difícil de hacer bien un traje”, explica Johnson. “No solo estás aprendiendo el aspecto técnico, estás aprendiendo a leer a alguien, a escuchar y entender lo que quiere y necesita en su vida. Y eso lleva tiempo”.

     

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    P. Johnson corta un patrón individual para cada cliente, y su ropa está cosida a mano, en lugar de unida con pegamento. No se trata de vender más trajes, sino de vender los mejores trajes a su precio justo, creando una propuesta de valor y una estética. “No quiero que mis clientes tengan un gran clóset”, determina Johnson. “Creo que deberían tener un guardarropa muy conciso que les funcione realmente bien”. Todo esto distingue a su marca de la competencia en cuanto a precios. “Mira a los diferentes fabricantes de automóviles, todos usan los mismos materiales, pero fabrican y manufacturan cosas muy, muy diferentes. Las materias primas que se usan en un Porsche 911 Carrera son bastante similares a lo que se emplea para fabricar un Kia”.

     

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    La compañía ahora se ha expandido hacia un mercado más amplio con puntos de venta en Barneys y Mr. Porter. Esas prendas (piensa en camisas de tela Chambray o pantalones cortos de Terry francés) son aún más fáciles de usar. Pero considéralas como aperitivos antes de la entrada. Johnson dice que el 95 por ciento de su negocio sigue siendo personalizado. Son trajes lo que quiere hacer y lo que quiere que uses. “Una gran cantidad de hombres no tienen muchos trajes  en su closet”, dice Johnson. “Así que lo que más conviene es hacer las cosas bien desde un principio”.

     

    Los trajes personalizados también pueden llegar a niveles muy obsesivos LOS TRAJES A LA MEDIDA QUE NO BAJAN DE 4 MIL DÓLARES

     

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