Según estadísticas el número de mujeres bikers es más alto

    Según estadísticas el número de mujeres bikers es más alto

    Una nueva generación de mujeres está reescribiendo las reglas y remodelando la industria de las motocicletas.

    Autor: Redacción Maxim 8 octubre, 2018


     

    FOTO: Sam Schneider, Bad Beard y Matthew Brush

     

    Por Winston Ross

     

    Kelly Yazdi piensa en lo que estoy pensando. Acabamos de recoger un par de motocicletas Indian en la carretera de la costa del Pacífico, cerca de Malibú. Se supone que debemos llevarlas al centro de Los Ángeles para un evento de motociclistas para mujeres.

     

    Aparecer en estos sitios es, sin duda, parte del trabajo de la joven de 27 años, quien puede definirse de la siguiente manera: modelo, biker, planificadora de eventos y embajadora de marca. Pero un vistazo a la ciudad desde Pacific Palisades inspiró una frase. Las palabras “No tenemos que ir al centro de la ciudad de L.A.” apenas salieron de sus labios cuando yo ya estaba asintiendo, entonces nos pusimos a rodar con dirección a Baja California.

     

    Convertirse en una modelo exitosa alguna vez requirió de la altura amazónica, una cintura pequeña, pómulos altos y cientos de miles de seguidores de Instagram. Eso se acabó. Yazdi, que lleva una camisa a cuadros manchada con pintura que llama “Franela de Paul Bunyan”, es parte de una legión de mujeres vanguardistas que montan motocicletas y que están reescribiendo las reglas, abriendo puertas con su apariencia pero también creando marcas duraderas que trascienden a la belleza física en favor de algo que de verdad les gusta hacer. Y claro, podrían salvar la industria de la motocicleta.

    Mientras rodamos por la carretera de la costa del Pacífico, Yazdi se pone a jugar; deja caer un pie sobre el asfalto, se inclina hacia adelante hasta que casi perfora el aire, estos trucos los aprendió trabajando como stuntwoman (doble) en Hollywood (2012-2015). Movimientos como éste, le han valido el desprecio de la legión de viejos malhumorados que no están del todo complacidos con la idea de que el «sexo débil» se abra paso a codazos en su hobby; como pasa con el mansplain (cuando un hombre trata de explicarle a una mujer algo que ya sabe) o en el gimnasio, a los hombres les encanta hacer escarmentar a las mujeres que consideran posers. Yazdi se ríe de eso. Ella creció montando motos de cross con sus hermanos en la selva virgen de Minnesota, por eso se siente muy cómoda defendiéndose de los haters.

    También es consciente de que el futuro de la industria de las motocicletas es femenino. Las ventas han disminuido en las últimas décadas, debido en gran medida a la inestabilidad económica en la generación de Yazdi: los millennials no pueden permitirse comprar automóviles, y mucho menos motocicletas. Los motociclistas de fin de semana de antaño están envejeciendo, y ese es un cambio sociológico aterrador para los fabricantes de motocicletas.

     

    FOTO: Sam Schneider, Bad Beard y Matthew Brush

     

    Sus marcas dependen del crecimiento y descubrieron apenas lo que Yazdi llama la “receta secreta”: las mujeres. Yazdi quiere construir una cultura, no un movimiento, y una marca para ella misma que no se base sólo en su apariencia. Trabaja con Indian Motorcycle y otras compañías, pero no sólo como modelo, también organiza sus eventos: el año pasado fue una de las creativas del único festival femenino Wild Gypsy en Sturgis Buffalo Chip, la principal reunión de motociclistas de Estados Unidos.

    Las mujeres ahora conforman uno de los segmentos de más rápido crecimiento en la industria, esto sucedió durante la última década. En 1998, ocho por ciento de los registros de motocicletas pertenecían a mujeres, según una encuesta realizada por el Consejo de la Industria de Motocicletas. Para 2014, el número de mujeres propietarias casi se triplicó. Sin embargo, lo interesante de ese crecimiento trasciende las estadísticas. Muchas mujeres encuentran una expresión de libertad en las motocicletas, como un símbolo potente que demuestra que no están contentas con ser copiloto detrás de la moto de un hombre. Para algunas, incluso es más profundo que eso. “Siempre hubo una caja para las mujeres, que dice que sólo pueden hacer ciertas cosas”, expone Yazdi y agrega: “quiero agrandar esa caja”.

     

    FOTO: Sam Schneider, Bad Beard y Matthew Brush

     

    Leah Misch, de 31 años, es enfermera en Wisconsin. La primera vez que se subió a una moto fue a los 10 años, y aceleró tan fuerte que se le volteó encima. Ella redescubrió las motocicletas hace ocho años, luego de que una de sus amigas decidiera que quería aprender a montar una. “Yo creía cosas como: ‘Las chicas no montan motocicletas. Te vas a lastimar’”. Pero Misch tomó una clase de seguridad y volvió tan emocionada que se hizo la pregunta: «¿podría aprender a montar una motocicleta?”. Ese año, Misch dejó una relación abusiva y escribió una “lista de cosas por hacer” para inspirarla. Al principio de la lista estaba: «aprende a montar una moto». Misch tomó la misma clase que su amiga, y al final del día era motociclista. Leah ha dejado su moto varias veces; una vez en 2010, cuando se rompió la espalda y se perforó el pulmón en un accidente que casi la paralizó. Pero cada vez que tuvo que dejarla, asegura «aprendió de eso».

    En 2015, Misch llevó a su Indian Scout en un viaje por carretera alrededor de los Estados Unidos. La gente la detenía en las gasolineras y le hacía preguntas desconcertantes como: “¿Estás montando eso sola?” El año pasado, fue a Sturgis, sin parabrisas y con una tienda de campaña atada al manubrio, y conoció a Lee Munro, el sobrino nieto del neozelandés “Burt Munro, el indio más veloz del mundo”, en una carrera de atletismo cerca de ahí. Tres meses después, Misch estaba en Nueva Zelanda, viajando con Munro por la Isla Sur por invitación suya. Ella está de acuerdo con Yazdi en que las mujeres motociclistas son el futuro de la industria. “Por cada motociclista mujer”, dice, “puedes traer a cuatro hombres”. La primera etapa de mi viaje con Yazdi duró unos cinco minutos antes de que nos adentremos en Duke’s, un bar hawaiano que elegimos para tomar una cerveza y escuchar una historia de fondo: la suya. Cuando Yazdi tenía 11 años, su hermana mayor murió de una sobredosis de drogas. Dos años más tarde, su padre se quedó dormido al volante y chocó de frente con un camión cisterna a casi 120 kilómetros por hora. Estuvo en coma por un año. “Literalmente tuve que volver a enseñarle a mi padre cómo hablar. Le estaba dando Gerber de comer”, dice Yazdi. “Me perdí muchas cosas”. Sufrió varias complicaciones durante la siguiente década, y en 2014 murió de un estallido entre su aorta y sus pulmones. Yazdi salió de ese trauma determinada a vivir al límite. Nunca ha tenido un trabajo de esos en los que entras a las nueve y sales a las cinco, y tiene suficiente belleza física para mantenerse así. Pero quiere más que buenas fotos suyas en Instagram.

    Para Yazdi, el motociclismo representa una forma de vivir la vida en su entorno al máximo. El año pasado, abandonó las redes sociales durante tres meses, cansada de un mundo virtual lleno de elogios basados en clics. “No necesito ser una estrella de las redes sociales”, dice ella. “No es algo real”. En diciembre, cansada de L.A. y necesitando recalibrar su vida, Yazdi y su perros: un pastor australiano, Kai, y su Weimaraner, Moose, se mudaron al frío norte, a Fairbanks, Alaska.

     

    FOTO: Sam Schneider, Bad Beard y Matthew Brush

     

    Ahora organiza un evento que se lanzará en 2019 en Hawái, llamado «Aloha Way of Life Festival», que incluye música, motos, surf y arte. “Quería estar en un lugar en el que realmente pudiera lanzar algo”. Lo que parece simple, en cierto modo.

    La mañana siguiente nos encontramos para tomar unas cervezas; un fotógrafo y mercadólogo de Indian se unió a nosotros para dar un paseo por la costa. Su trabajo es solo montar la moto, y lucir bien montándola; detenerse en vistas escénicas en el camino, sacudir su casco y su cabello y sonreír a la cámara. Mi trabajo fue acompañarla y detenerme allí torpemente mientras ella y el fotógrafo montan una pequeña escena en la carretera de la costa del Pacífico.

    De cierta manera, estoy viendo una sesión de modelaje estándar. Pero también observo a Yazdi construir una marca (ella misma) y una relación (con Indian) que puede aprovechar para patrocinar los mítines y festivales de aventuras que crea. “Así es como ato todo esto”, concluye.

     

    FOTO: Sam Schneider, Bad Beard y Matthew Brush

     

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