Experiencia extrema en Tailandia. Parte 1 | Maxim México tiene todo lo que necesitas para disfrutar de la vida | Maxim México

    Experiencia extrema en Tailandia. Parte 1

    Esta es la primera entrega de la historia de un mexicano que se lanzó al corazón del Muay Thai para aprender de esta disciplina y, de paso, empaparse de la cultura tailandesa.

    Autor: Redacción Maxim 20 julio, 2016


    Fotos: Julio Azárraga

    Fotos: Julio Azárraga

    Por Julio Azcárraga

     

    #TrainingmywaytoThailand

    Con ese hashtag en la foto de una amiga empieza esta historia.

    Después de dejar un comentario en aquella foto de Mossy (@mossysantini), ella me contó su plan de ir a entrenar Muay Thai en Phuket, Tailandia, en una callecita repleta de gimnasios donde entrenan artes marciales personas de todo el mundo. El nivel y fama de este lugar es tal, que varios peleadores de UFC y otras ligas pasan temporadas enteras entrenando ahí o dando seminarios.

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    Instagram de Mossy con el primer mensaje que le envié.

    Brevemente, si no saben de qué les estoy hablando, el Muay Thai es el boxeo tailandés con técnicas combinadas de piernas y brazos. Se puede trazar su origen a mediados del siglo XVI aunque se modernizó en las primeras décadas del XX. Incluye puños, codos, agarres, patadas, rodillazos y, obvio, defensa: bloqueos, redirección, esquiva, evasión, interrupción y anticipación. Pero como la mayoría de las disciplinas orientales, no sólo es un deporte sino toda una filosofía.

    Por eso aprender Muay Thai en Tailandia llevaba tiempo en mi bucketlist, pero ya saben, es de ese tipo de planes que siempre se van al final o se desplazan porque hay algo más cerca o mas importante antes.

    “Si te aplicas un mes, llegas con relativamente buen nivel”.

    De un segundo a otro este proyecto dejó de ser algo que podría suceder en un año o el próximo verano. Tenía un mes. Me metí a la academia de Renzo Gracie en la Ciudad de México para entrenar dos horas en la noche, cuatro días a la semana, para estar preparado en caso de que lográramos armar un plan que valiera las 30 horas de viaje de ida y vuelta que nos íbamos a tener que aventar.

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    Mi instagram el día que comencé a entrenar.

    Aclaro, corro tres días a la semana y trato de hacer cinco horas de pesas en el mismo lapso de tiempo. No soy un health nut pero trato de comer lo más sano posible, sin exagerar. Es decir, soy una persona normal que hace una buena cantidad de ejercicio con la bendición de tener un metabolismo rápido.

    Ya con eso dicho…

    La primer clase casi me mata.

    La segunda también.

    Tuve que bajarle a las distancias que corro usualmente y reducir a tres días mi rutina de pesas. No quería sobreentrenar o lastimarme.

    Hubo varios puntos que tuve que pensar muy, muy, muy bien si estaba dispuesto a irme al otro lado del planeta a sumergirme por completo en ese mundo, en otro idioma, entrenando y aprendiendo durante tres horas -o más- en un lugar donde las peleas de Muay Thai son lo más popular -es lo que ven en la televisión en vez de un América contra Chivas.

    Poco a poco mejoró mi condición y técnica. Absorbiendo cualquier información que nos daban en clase.

    Leí cada foro que encontré en la web sobre Muay Thai o artes marciales mixtas o actividades extremas o historias de gente con experiencia en planes de este calibre. Me eché encima más de cinco guías de turistas sobre Tailandia. Bajé todas las aplicaciones de viaje que me recomendaron (que si para traducir, que si el Uber de Asia, en fin, como 20 apps), hablé con conocidos que vivieron por la zona para que me compartieran sus recomendaciones y me explicaran cómo funcionaba el país. En fin, hice la tarea para no llegar en blanco.

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    Mi visa para Tailandia.

    Cuando llegaron los boletos de avión y la visa los observé en las manos con detenimiento. Era ya algo tangible. Tenía ya en las manos un papel con la cuenta regresiva.

    Más de una persona me dijo que estaba loco.

    “Asia es para la luna de miel”. (Regresaría sin broncas, al mismo plan).

    “¿Cómo te vas a ir con un mes de entrenamiento? ¿Cómo sabes que te va a gustar?” (No me conocen tanto como creía).

    “¡Qué buen plan! ¡Yo voy!” (Nunca llegaron).

    “¡¿Qué vas a empacar?!” (Ya me arrepentí de llevar maleta completa y no se acabó el mundo).

    “¿Te quieres matar?” (Totalmente lo contrario).

    Dijeron cosas similares cuando decidí correr Spartan Beasts, cuando quise aprender a saltar de un avión solo o cuando les conté que mi primer buceo post certificación iba a ser con tiburones toro.  Ya no me dicen mucho cuando les platico de alguna experiencia rara que quiero tener o algo que quiero aprender. Creo que prefieren ya no darme ideas. Pero después, siempre quieren que les cuente. Siempre quieren ver las fotos.

    Bienvenidos a Experiencia Extrema en Tailandia.

     

     

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