Experiencia extrema en Tailandia. Parte 2 | Maxim México tiene todo lo que necesitas para disfrutar de la vida | Maxim México

    Experiencia extrema en Tailandia. Parte 2

    La segunda entrega de un mexicano que se lanzó al corazón del Muay Thai.

    Autor: Redacción Maxim 28 julio, 2016


    Fotos: Julio Azcárraga.

    Fotos: Julio Azcárraga.

    Por Julio Azcárraga

     

    Se acercaba la fecha del viaje y a su vez, dormir se volvía mas difícil. Lentamente, la emoción de aventurarnos en algo completamente desconocido se apoderaba de los cuatro amigos que habíamos decidido perdernos un tiempo en Asia.

     

    Las actividades que queríamos hacer durante nuestra estancia incrementaban cada vez que nos metíamos a internet. ¿Buceo? De todo tipo. ¿Paracaidismo? Seguro. ¿Motocross? Por qué no. ¿Tirolesa en la jungla? Pues ya vamos a estar ahí. Pareciera que Tailandia, y particularmente Phuket, era el paraíso para los deportistas y amantes de la aventura (y sí, lo es).

     

    Decidí empezar a agarrar el horario un día antes del día del viaje. Decir “en vivo” ya no me trae tan buenos recuerdos, pero aquí valió la pena e igual la anticipación no me dejaba descansar del todo tranquilo. No iba a dormir hasta hacer la conexión en Los Angeles a la 11:30 am.

     

    En el vuelo de México – Los Angeles

     

    Por diferentes cuestiones, teníamos vuelos diferentes. Nos vimos brevemente en Los Angeles, trasnochados, emocionados y con ganas de saltarnos esta parte para amanecer ya en Tailandia.

     

    “Nos vemos en Phuket”, nos dijimos y nos deseamos suerte.

     

    Viajar en lineas asiáticas es toda una experiencia. Desde Los Angeles empezaron los problemas con el idioma. Mossi perdió un vuelo por un mal entendido y tuvo que esperar una noche para su nueva salida.

     

    El cansancio me vencía y en cuanto abordé y guardé mi equipaje, caí rendido. Cómo me he de haber visto que no me despertaron ni para comer. Cuando amanecí, faltaban dos horas para aterrizar en Beijing.

     

    La terminal 3 del Aeropuerto Internacional de Beijing es la segunda terminal mas grande del mundo después de Dubai y el aeropuerto es la sexta edificación mas grande del planeta por área. Simplemente imponente, aun desde las alturas.

     

    Todo suena y se ve muy bonito hasta que te bajas y tienes que hacer todos los trámites de migración junto a 400 personas que no entienden del todo bien el concepto de hacer fila y esperar su turno. Tenía menos de dos horas para hacer la conexión de vuelo y necesitaba sacar una visa de 24 horas.

     

     

     

    Después de pasar por tres filas diferentes, dar documentos en otra oficina y formarme una vez más, por fin salí de migración con una hora y media para subirme al siguiente vuelo. Para esos momentos, ya me había rendido tratando de darme a explicar en inglés o español y me comunicaba a pura seña.

     

    “Las maletas … en la otra terminal … veinte minutos … camión”, logré entender y veía nervioso el reloj.

     

    Llegué al mostrador con un poco más de una hora de tiempo y al pasar el filtro de seguridad, por alguna razón, decidieron desmenuzar mis maletas. ¿Cómo le explicas qué es qué a alguien que no te entiende? Después de muchas señas y sonrisas (siempre ganas más siendo amable, especialmente cuando no hablan tu mismo idioma) logré abordar el ultimo trayecto del viaje.

     

    “4 horas más de vuelo. Ya no es nada.” pensaba para mí.

     

    Tratando de acostumbrarme al horario, ya no dormí. Leyendo y tomando café se me fue el tiempo.

     

    De pronto, el piloto avisó que estábamos por aterrizar. La auxiliar de vuelo corrió apresuradamente a checar que todos los pasajeros enderezaran su asiento, subieran la mesa y se abrocharan el cinturón. Confirmo, en esta parte del mundo también se levanta la gente a sacar su maleta en cuanto el avión toca tierra. Creo que la única diferencia es que aquí hay codazos y empujones para salir del avión, como si se les fuera a escurrir de las manos el destino si no se apuran.

     

    Mientras me recibía una típica escena de película tropical, con señoritas dando collares de flores y té pensaba inocentemente: “No hace tanto calor”.

     

    Después de recoger maletas, fui rápidamente a conseguir una tarjeta SIM para el celular. El volumen de viajeros que llega a Tailandia ha obligado a las telefónicas a crear paquetes sumamente atractivos pensados especialmente para ellos. Por aproximadamente $400 me dieron 12 GB de datos y 100 minutos de llamadas y SMS por un mes. Sueño con un plan de datos así en casa.

     

    Aun así, les puedo adelantar, hay WiFi en absolutamente todos lados. Pueden estar comunicados perfectamente casi todo el tiempo sin tener que usar telefonía celular. Literal hay WiFi abierto hasta en los mercados rodantes.

     

    En fin, como el lugar donde nos quedaríamos los cuatro no estaría listo hasta el día siguiente, arreglé con un hotel, según yo, para que pasaran por mí y me llevaran al mismo.

     

    Después de checar varias veces la pared de gente con letreros esperando a pasajeros y más de treinta minutos de espera me empezaron a hacer ojitos los taxis oficiales del aeropuerto.

     

    Creo que cualquier persona que haya tenido que usar taxis oficiales de aeropuerto entendería mi desconfianza.

     

    40 minutos…

     

    50 minutos…

     

    “Excuse me miss, I´m going to this hotel. Taxi. Taxi.” y le enseñé la ubicación a la señorita en el mostrador.

     

    “400 baht ($200 aprox.)”, me dijo.

     

    Cuando dije sí y se rió con las personas que tenía alrededor, sabía que me iban a aplicar el turistazo. Me dio igual. Despues de 30 horas de viaje, llegar a una regadera y una cama, bien los valía.

     

    Menos de 200 metros después, por fin llegué al hotel.

     

     

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