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    Jessica Alba: un pecado seductor

    Por más de una década se ha mantenido como una de las mujeres más deseadas del planeta, pero tiene otra faceta que aún desconoces: es una mujer de negocios.

    Autor: Redacción Maxim 12 octubre, 2015


    Fotos: Cliff Watts

     

    Por Ian Daly

     

    “SI PONES TODA TU IDENTIDAD DETRÁS DE ESTE NEGOCIO, ES BRUTAL. TE MASTICA Y TE ESCUPE. ESCUPE A MUCHÍSIMAS PERSONAS”

     

    RELAJÁNDOSE EN UN PATIO EN SANTA MÓNICA, usando tacones, jeans ajustados y un top entallado color naranja, Jessica Alba difícilmente aparenta ser una emprendedora sin rodeos, y mucho menos una madre de dos. Por el contrario, ella luce como la mujer que ha estado seduciendo a las audiencias por más de una década como una de las actrices más sexy del planeta. La verdad, sin embargo, es que ella representa esas tres mujeres, algo que la hace aún más maravillosa.

     

     

     

    Alba, quien se toma un tiempo fuera de las oficinas de su corporativo, le grita a una mujer que aparece de una puerta de metal. “Es un desastre”, dice Ash, quien responde rápidamente sobre la fuente que originó la preocupación de su jefa.

     

    Estamos sentados en una mesa de picnic, comiendo el almuerzo de un buffet vegano. Pero lo que llamó la atención de Alba no fueron los vegetales orgánicos en su plato, sino el renegado follaje que invade la entrada de sus oficinas. Los jardineros que debieron encargarse de eso no lo hicieron y ahora mutó en su propia “Little Shop of Horrors” de tres metros de alto.

     

     

     

    “Toma una foto de eso y dice ‘Esto es una locura’”, Alba instruye a Ash, “Y entonces, sólo arranca cualquier hoja verde que tenga hoyos”. Ella inclina su cabeza hacia atrás, deja que su cabello café caiga sobre sus hombros y toma un gran trago de su botella de té helado.

     

    “Qué mal que nadie tenga cabras”, comenta encogiendo sus hombros. Probablemente no conoces a esta Jessica Alba: la cofundadora de Honest Company, un imperio de productos orgánicos que cuenta con más de 80 marcas no tóxicas, sustentables y amigables con el planeta. Tú recuerdas a la súper sexy Jessica Alba, quien interpretó a la Mujer invisible en dos entregas de la franquicia de los Fantastic Four, y a Nancy Callahan, la bailarina erótica imposible de olvidar en Sin City (2005).

     

     

     

    Este año por fin regresó: después de nueve años de descanso, volvió a la distopía de Frank Miller Sin City: A Dame to Kill For, pero sólo porque la nueva Jessica decidió dejarla salir. La nueva Alba ha estado muy, pero muy ocupada: en la última década, se casó con el productor cinematográfico Cash Warren y dio a luz a dos hijas (Honor y Haven, 6 y 3 años). Y si te estás preguntando por qué ofrece feedback en tapiaria en Santa Mónica, eso es porque es la decoración de su increíblemente exitoso negocio, el cual dirige con una seriedad que nunca antes tuvo, desde “construir nuestros equipos” hasta decidir “a qué mercados debes entrar dependiendo de la información que recabamos”.

     

    “Eso es lo que hago”, Alba me dice, mientras su pequeño arete de oro destella con la luz del sol. “Yo abro el camino”.

     

    Esa acción resume toda su carrera –y su vida, en realidad–. Ella firmó con su primer agente a los 12 y debutó en la pantalla grande el mismo año. Cuando cumplió 14 tuvo un rol protagónico en la televisión, y desde entonces un aumento acumulado de créditos en el portal IMDB como para acalambrar tu dedo mientras recorres su página. Pero nada de esto fue regalado.

     

     

     

    Creció en una orgullosa familia de recursos modestos: “ni siquiera éramos clase media”, confiesa, y estaba enferma: “todo el tiempo”. Eso no es una exageración al estilo Hollywood. Ella luchó contra la neumonía, sufrió de asma y de una ruptura del apéndice, estos problemas la convirtieron en una niña solitaria, quien pasó gran parte de su tiempo en hospitales. Aún en sus 20, cuando llegó a la cima de casi cualquier lista relacionada con variaciones de candente, impactante, sexy y muchos más –incluyendo la posición #1 en el Top 100 de Maxim en el 2011–, Alba aún se sentía perdida.

     

    “Estaba tratando de entender todo”, nos cuenta, mientras muerde una de sus uñas.

     

     

    “ME SIENTO MUY CÓMODA EN MI PROPIA PIEL, Y NO ME ESTOY DISCULPANDO POR ESO”

     

    “No era completamente feliz. No estaba segura de cómo ser. Estaba muy hambrienta, pero gran parte de este negocio es caprichoso y muy arriesgado. Rezas y esperas que todo funcione, y muy pocos lo consiguen. Te mastica por completo y te escupe. Escupe a muchísimas personas”.

     

    Dirigir a Honest Company le permite moverse fuera del mundo del espectáculo, así puede enfocarse en ser creativa. Alba comenzó esta compañía hace casi tres años, lo hizo porque en el mercado no había suficientes productos domésticos en los que confiara para usarlos en ella, y mucho menos en su hija recién nacida.

     

     

     

     

    “Vi un sistema que estaba roto –aún lo está–”, nos platica, “No debería ser un lujo tener una casa segura; debería ser accesible para todos”. Los consumidores coinciden. Desde el 2011, ella y su socia expandieron esta idea hasta ser una compañía que distribuye sus productos a más de 2,500 tiendas. Su oficina bien iluminada y de techos altos estaba en lo que era antes una fábrica de juguetes, hoy es el hogar de más de 200 empleados. Eso significada que tuvo que aprender un nuevo rol en su vida: el de alta ejecutiva.

     

    Traigo esto a colación cuidadosamente, pero después de ver el descuido en sus jardines, me pregunto si alguien la acusa de ser una microadministradora: “¡Todo el tiempo!”, acepta riéndose, “Recuerdo en una junta de consejo que me decían: ‘Entonces… creemos que deberías pensar en cómo utilizar tu tiempo porque estás haciendo tantas cosas que probablemente sería mejor que repartas tareas’. Y yo les respondía, ‘Pero no confío en ellos, es muy caro y, ¡nuestro CFO se quejará de cada centavo que gastemos!’. Yo quiero tener finanzas efectivas y eficientes, así que por eso lo hago”.

     

     

     

    Viviendo el tercer año dentro de sus 30, ella dice que es la relación que ha construido con su familia y amigos, no los negocios, lo que le ha traído paz. “Después de tener a mi hija todo fue más claro. A menos que tengas una vida personal, en tu apología no se sentarán a decir ‘Fantastic Four hizo tanto en la taquilla’”, resalta, “Lo que dirán será: ‘ella estuvo para mí a la mitad de la noche cuando estaba vomitando y no podía levantarme de la cama’”.

     

    Y al escuchar al director de Sin City, Frank Miller, decirlo, esas epifanías la convirtieron en una mucho mejor actriz.

     

    Cuando Jessica llegó a Austin, Texas, para la secuela filmada nueve años después, era una mujer diferente: “Tiene ocho veces más de lo que tenía antes”, nos cuenta Miller, “Rara vez he visto algo así en términos de transformación de talento. Se convirtió en mamá, así que parte de eso implica una maduración orgánica para convertirse en una actriz de gran poder y de un rango mucho mayor”.

     

     

     

    Ella también le da crédito a su nuevo coach de actuación que la llevó a lugares más profundos dentro de ella misma, sitios a donde nunca había llegado antes –algo que fue clave para un personaje (una bailarina exótica abandonada por el amor de su vida) que describe como “áspera, oscura y sucia”–.

     

    “Ella es genial”, Alba resalta sobre su coach, “Realmente cree que los actores están aquí para contar historias y curar a las personas curándose ellos mismos. Y cree que cada personaje cura algo de tu vida”. ¿Y qué es lo que ella estaba sanando de su vida? Eso es algo que se guarda…

     

     

     

     

    “Es muy personal”, me dice. Después se queda en silencio por un tiempo, contemplando hacía un lugar en el patio que parece estar en otra dimensión. “No quiero hablar de mis problemas”, me responde con un parpadeo que significa “estoy cambiando el tema”. “Pero definitivamente siento que tacleé algo y salí del otro lado”. Me pregunto cuál fue su batalla, pero por el momento los demonios internos de Jessica Alba permanecerán en el anonimato para todos menos para la nueva Alba: “Todo lo que me llevó a esto valió la pena”, recalca.

     

     

    “Me siento muy cómoda en mi propia piel, y no me estoy disculpando por eso”, y no hay ningún pecado en eso.

     

     

     

     

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