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    Johana Bahamón, una actriz colombiana totalmente libre

    La historia de cómo una exitosa actriz dejó su carrera de lado para dedicarse a trabajar en la cárcel.

    Autor: Sergio Ramírez 17 mayo, 2018


    Joahana Bahamón
    Fotografía por Camilo Villabona

     

    Conoce a la hermosa actriz Johana Bahamón, portada de febrero pasado en Maxim Colombia

     

     

    Nuestros hermanos de Maxim Colombia tienen historias y sesiones de fotos increíbles. Hoy te presentamos a Joahana Bahamón:

     

     

    Tiene 19 tatuajes, me aclara; entre ellos, en su brazo derecho, un corazón y el nombre de su hijo, Simón, y en el brazo izquierdo las iniciales de las 12 mujeres que le cambiaron la vida.

     

    A comienzos de 2012, Johana Bahamón Gómez era una de las figuras más populares del momento, gracias a su papel de Milagros Fontanarrosa, una mujer “exuberante en su belleza y desbordada en sus gustos, acostumbrada a ser el centro de atención”, de acuerdo con la reseña que el canal hacía de la serie Tres milagros, que terminó su temporada como el programa más visto de la televisión colombiana.

     

     

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    En la vida “real”, los medios especializados hablaban de una actriz exitosa, nacida en Cali, de voz ronca, cabello rubio y ojos color aceituna, que modeló desde muy pequeña (como un pasatiempo) y estudió Administración de Empresas en el CESA, pero decidió dedicarse a la actuación tras prepararse con Victoria Hernández (una de las “coach” de actores más exitosas del momento) y debutar en la exitosa serie familiar de los 90, Padres e hijos.

     

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    En ese entonces era madre de un niño de tres años (hoy, además tiene una niña de 2), ex esposa de un cantante y novia de un ingeniero industrial dedicado a la banca, había aceptado hacer su primer topless para una revista y estaba a punto de cumplir 30 años. “Me parece lo máximo, siempre había querido llegar al tercer piso. A todas las mujeres les da miedo y se sienten más viejas, pero yo ya quiero llegar allá. A los 30 me va a pasar algo muy interesante, creo en mi instinto”, aseguró en una entrevista con la periodista Sandra Paola Rey para la revista Aló. Como una premonición.

     

     

    Sus planes eran grabar una producción corta y, luego, tomarse un año sabático para dedicarse a la decoración y al diseño de vestidos de baño y ropa interior (sus intereses por aquel entonces), antes de retomar su carrera como actriz. No ocurrió.

     

    Entre rejas

     

    Johana Bahamon

     

     

    En octubre de ese 2012, gracias a su papel en la serie (que narra la vida de tres mujeres, nacidas el mismo día en diferentes ambientes sociales y marcadas por un destino trágico), Johana fue invitada como jurado en un concurso de belleza que se celebraba en la cárcel del Buen Pastor. “Nunca había estado en una cárcel -recuerda-, me llamó mucho la atención la invitación y, sin dudarlo un segundo dije que sí”.

     

     

    Johana Bahamon

     

    Finalmente, reconoce, no le puso mucho cuidado al reinado. Recorrió la cárcel, entró a los patios y habló con las internas; la impactaron las mujeres, sus historias, su experiencia de vida. Especialmente la de una madre que le confesó que estaba tras las rejas por haber asesinado a su marido, quien había estado violando a su hijo de tres años. “Simón tenía tres años y, sin justificarla, pude entenderla. Fue un gran día de reflexión”.

     

     

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    Suena a frase de cajón, pero la Johana que salió de esa visita a la cárcel era muy distinta a la que ingresó. “Uno sabe de la situación de las cárceles, del hacinamiento, de las malas condiciones, pero una cosa es verlo en el noticiero y otra estar ahí y vivirlo, sobre todo conocer a las personas que están ahí adentro”.

     

     

    Tenía tres meses, calculó, antes de su próximo proyecto. Quería hacer algo (“no podía ser indiferente a esa realidad que acababa de conocer”), así que pidió autorización a la directora de la cárcel para montar una obra de teatro con las internas. Les pidió ayuda a algunos de sus amigos, para que dictaran talleres y dirigieran la obra, y durante tres meses fue casi cada día sin falta a la cárcel del Buen Pastor. “Quería compartir tiempo con ellas, conocer más sus historias”.

     

     

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    Fueron 12 mujeres (las mismas cuyas iniciales están grabadas permanentemente en su brazo izquierdo) las que participaron en el montaje de La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca, dirigido por Victoria Hernández. “Cuando presentamos la obra en la cárcel eran 12 mujeres completamente diferentes, transformadas, empoderadas, con nuevos sueños, motivadas, con una sonrisa en la cara” .

     

    Más allá de los muros

     

    Johana logró, por un tiempo, cambiar la dura rutina de la cárcel, pero quería más. “Cuando se me acabó el tiempo y tenía que volver a grabar le dije a mi manager (María Clara López) que no quería regresar a la actuación, que iba a seguir trabajando en la cárcel”. Su objetivo ahora era sacarlas de este lugar, que el público afuera (incluyendo sus familias) las viera de otra manera, presentarlas en las mejores condiciones: en un buen teatro, con un gran vestuario.

     

    Johana Bahamón

     

    Ocho meses después la obra de lo que ya se conocía como Teatro Interno se presentó en la más icónica de las salas del Teatro Nacional, el teatro Fanny Mikey.

     

    “Le dije a María Clara: ‘me voy a quedar otro año’, y al año: ‘no voy a volver a actuar’”. Sentada frente a una gigantesca mesa de reuniones, en la primera planta de una hermosa casa que alguna vez perteneció a un reconocido narcotraficante, Johana habla emocionada de sus cinco años de trabajo por la población carcelaria y postpenada. Lo que fuera una residencia, ubicada en un barrio bogotano tradicional, sometida a extinción de dominio por el Gobierno, y adjudicada al Instituto Nacional Penitenciario, hoy se llama Casa Libertad. Allí, en un convenio entre la fundación dirigida por Johana Bahamón (que cambió el nombre por Acción Interna), el INPEC, el Ministerio de Justicia y la caja de compensación familiar Colsubsidio, se ofrecen servicios de orientación laboral, atención psicosocial, asesoría para creación de empresas, educación financiera y una línea de crédito para las personas que salen de las cárceles. “Lo más importante es ayudarlos a que se puedan reintegrar a la sociedad de una forma digna”.

     

    Johana Bahamon

     

     

    Después de su experiencia con las internas del Buen Pastor la llamaron del INPEC para crear un Festival de Teatro Carcelario, que por estas fechas realiza su tercera edición; el 15 de marzo el grupo ganador (elegido entre los representantes de las seis regionales en que están divididas las 137 cárceles del país) presentará su obra en el Teatro Nacional de la 71 como parte de la programación del Festival Iberoamericano de Teatro.

     

    Comprendió que debe ir más allá. “Empezamos con el teatro, pero con el tiempo nos dimos cuenta de que lo que realmente necesitan es tener una segunda oportunidad, o incluso una primera, porque muchas de las personas que están en las cárceles nunca la tuvieron”.

     

    Johana Bahamon

     

     

    Una nueva oportunidad

     

    Hoy la fundación tiene varias líneas de trabajo: aceptación de su realidad, crecimiento personal y espiritual, rehabilitación de adicciones, exteriorización de sus sentimientos (por medio del arte) y desarrollo de proyectos productivos. “No hay nada más satisfactorio para un ser humano que levantarse y sentirse útil para algo, así se reconcilian con ellos mismos, luego con su entorno y, cuando salen, con la sociedad”. Esto, reconciliar a la población carcelaria con la población civil, es el principal objetivo de todas sus actividades.

     

    Johana Bahamon

     

    El restaurante Interno que Johana creó en Cartagena (el primero que se abre en el mundo en una cárcel de mujeres) es uno de los más conocidos. Ahora está en proceso de montar una pizzería en la playa en la cárcel de Riohacha (la más hacinada del país), y una peluquería en el norte de Bogotá (“Maifrend”) en honor a uno de esos personajes que conoció en su recorrido de los últimos años, quien no contó con esa segunda oportunidad que ella tanto defiende. Hasta ahora Acción Interna trabaja con más de 30 mil reclusos. Johana sigue soñando con llegar a las 137 cárceles del país.

     

    Johana Bahamon

     

    Su pasión por el diseño la volcó a la creación de zapatos, camisetas (la fundación realizó una colección con la diseñadora Marcela Acevedo) y hasta mochilas; artículos producidos y vendidos en la cárcel. ¿Y la actuación? “No me hace falta”, responde con seguridad. El año pasado volvió a la televisión. Grabó una serie producida por RCN, pero solo, asegura, porque contaba las historias de los internos. “Mi sueño ya no es protagonizar una película, ahora es que ellos protagonicen una. Servir de puente para que cuenten sus historias”.

     

    Johana Bahamon

     

    Su vida cambió. De la acelerada actriz de la que algunos dudaban cuando comenzó a trabajar con la población carcelaria, se convirtió en una activista que cuenta con el apoyo del sector público, la empresa privada y las entidades de colaboración internacional. “Muchos me agradecen lo que hacemos, pero realmente no saben lo que ellos hacen por nosotros, por mí y mi equipo de trabajo. Me transformaron, ahora tengo una visión diferente, aprendí a darle importancia a las cosas sencillas, a valorar todo y a estar agradecida con la vida”.

     

    Johana Bahamon

     

     

     

    Styling por Jorge Bolado Moo; asistente de styling, Mabel Rivas. Maquillaje y peinado por Oscar Sánchez y Vanessa López. Producción por Nicolás Martínez para Producciones Innecesarias.

     

     

    Disfruta los mejores momentos del detrás de cámaras con la hermosa Johana Bahamón.

     

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