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    Mau Nieto: La risa es de quien la trabaja

    Hablamos con Mau Nieto, uno de los humoristas de a pie que mejor ha aprovechado el boom del stand-up en México. Él nació gracioso, pero “se hizo” comediante.

    Autor: Andrei Vásquez 8 noviembre, 2016


    Foto: Jorge Ramírez-Posada

    Foto: Jorge Ramírez-Posada

     

     

    Todos recordamos el 2012 como el año en que México ganó la medalla de oro en el futbol olímpico y la profecía maya que no se cumplió. Para Mau Nieto fue la época en la que trabajaba en un autolavado.

     

    Detrás del mostrador, miraba cómo entraban y salían los coches. Le dedicaba su genio a administrar el negocio familiar. Platicaba con los clientes, les producía una sonrisa. Ya brotaba dentro de él un comediante que más tarde comenzaría a atrapar al público. Sin embargo, en ese momento estaba incómodo. “Todos los días abres y cierras a la misma hora, llega el de los químicos, le pagas, checas cuántos quedan, cobras en la caja, hablas con los lavacoches. Era muy monótono para mí. Entonces me reencontré con Kalimba (el cantante)”. Ahí comenzó una serie de eventos que lo llevaron hacia el stand-up.

     

    Ahora estamos en la taberna Luciferina de la Ciudad de México. Usa una playera de los Ramones y se enchina su característico bigote. Una compañía de rastrillos le propuso rasurárselo. “Era una lanota, pero sentí que se me caería el teatrito. Ya es mi identidad”. Mau se toma en serio y sabe que vive un momento especial. Su rutina es una de las más populares gracias a su talento y a las tablas que ha ganado en presentaciones y en televisión. Ha aparecido en Comedy Central, en Deberían estar trabajando y El hormiguero de TV Azteca.

     

    Estudió Comunicación en la Universidad Intercontinental a pesar de que quería ser cirujano. “Ahora me pone nervioso la sangre. A los 18 todavía no sabes qué quieres ser y te obligan a estudiar una carrera. Sí hay muchos que desde niños quieren ser locutores y le chingan, pero ellos son súper afortunados.” Ya una vez dentro de la carrera, en los trabajos en equipo, Mau era siempre el protagonista, el locutor, el conductor, el escritor. Sin embargo, con el tiempo se dio cuenta de que eso “está cabrón porque cuando sales de la escuela nadie te va a dar trabajo como talento, entonces eso medio me arruinó. Lo bueno es que en Comunicación te hacen leer mucho y eso es bueno para el bluff, y claro, sí te da elocuencia Lo malo es que te vuelves alumno de todo y maestro de nada”.

     

    Al terminar la carrera, consiguió un trabajo en una agencia de publicidad BTL. Coordinaba activaciones en centros comerciales, cargaba flyers, acomodaba edecanes, la parte que más le gustaba eran los viajes, recorrer el país aunque fuera en una camioneta. Mau piensa que “el primer empleo es clave, porque es el camino en el que te convertirás en maestro y no debes perder el tiempo”. Entonces, ¿maestro de qué se estaba convirtiendo? “Empecé a ver que al poco tiempo mis compañeros ya vivían solos, se habían comprado un coche nuevo, traían camisitas bonitas, vestían bien, ya sabes, empiezas a notar cuando alguien gana dinero, y yo decía, ‘yo quiero eso’, pero al mismo tiempo era infeliz en la publicidad porque a final de cuentas seguía siendo el gato del gato del gato del patrón”. Abandonó ese camino cuando “mi jefe trataba de humillarme porque salía con la chava que le gustaba. A la par, muere mi madre. Ella manejaba el autolavado de la familia y me quise hacer cargo”.

     

    Esa época coincidió con una crisis emocional que lo llevó a abusar de la fiesta. “Canalicé muy mal el dolor”, dice Mau. Así que entró a terapia de rehabilitación donde le dieron el libro Viviendo sobrio. Una lectura que le cambió la vida, pero no por las razones obvias. “Leí que el alcoholismo es una enfermedad tan grave como la obesidad y pensé: ‘nunca he visto a un policía detener a una gorda por conducir a exceso de obesidad’. Ahí comencé a escribir mis primeros cinco minutos de rutina”.

     

    Aquí cabe hacer un paréntesis. Mau y Kalimba se conocieron en la adolescencia, en una tocada de Café Tacvba en el Bulldog, platicaron y se volvieron cuates. Cuando Mau terminó la carrera, el cantante lo invitó a codirigir tres videos. Sólo se hizo cargo de uno, Se te olvidó, y después se distanciaron porque “me enteré que había grabado el siguiente video sin avisarme. La verdad sí me sentí”.

     

    Cuando se volvieron a encontrar, Mau estaba a cargo del autolavado y el cantante quería convertirse en standupero. En ese ambiente conoció a Sofía Niño de Rivera entre otros maestros de la comedia. “Kalimba quería que lo ayudara a escribir y empezamos a hacer unas sesiones de escritura. Él me daba teoría y yo le decía alguna premisa para que la desarrollara. Para sorpresa de muchos, él era muy bueno. Entonces resultó que ya no me necesitó tanto y dije ‘bueno, está padre esto, ¿y si escribo para mí?’ Él me animó a escribir una rutina de cinco minutos y a ir a lugares con micrófono abierto, que es como un karaoke de comedia”.

     

    Las primeras dos veces se lució y la tercera “me fue tan mal que bajé decidido a no volver a sentir ese tipo de humillación”. Después, el cantante lo invitó a participar en un proyecto de Telehit, Mr. Rod. “Nadie veía ese programa, tuvimos problemas porque no nos soltaban lana, tenía como tres meses trabajando sin paga y seguía en el autolavado. Llámame loco, pero me gusta comer”. Una semana después de renunciar lo buscó Sofía Niño de Rivera para invitarlo a colaborar en TV Azteca.

     

    Entonces escribió para el programa Deberían estar trabajando, donde el productor no lo dejaba aparecer a cuadro. Mientras ensayaban un sketch, Mau hizo que Sofía y Ricardo O’Farrill se atacaran de risa. “Estás cagadísimo”, decían. Le sugirieron hacer stand-up y, para que no ocurriera lo de su intento anterior, Sofía lo invitó a prepararse en su taller. Las cinco líneas que escribió durante su terapia se transformaron en el monólogo de una hora que comenzó a fascinar al circuito standupero.

     

    Foto: Jorge Ramírez-Posada

    Foto: Jorge Ramírez-Posada

     

    No todo es comedia

     

    Gracias al taller con Sofía Niño de Rivera, Mau pulió su sentido del humor. “Es una forma bien positiva de ver tu vida. Empiezas a ver todo como chiste, la vida entera te da material, cosa que también está mal porque a veces te clavas demasiado. Hay varios tipos de stand up: observacional, hipotético, fantasioso, etcétera. El mío es muy vivencial e hipotético, ‘qué pasaría si’”.

     

    En cuanto al odio que puede generar, dice estar consciente, “hay gente con la que me enemistado, que me ha reclamado porque chingo mucho a Toluca, pero lo hago porque pues es Toluca. Y hay gente que se ha enojado y me ha insultado en redes sociales. Los católicos se ofenden mucho, etcétera, pero realmente no me importa. Si no nos burláramos de todas estas cosas entonces quién te dice de qué es correcto burlarse”.

     

    Sin embargo, sí tiene un código: “No me burlo de cosas que son irremediables, de alguien con una enfermedad terminal o de tragedias. No por no ser irreverente sino por una ética personal. Me burlo de cosas que son comunes ya en la sociedad. ¿Sabes qué pasa? Pienso que si todo es comedia entonces ya nada es comedia, si nos reímos de todo entonces no nos reímos de nada”.

     

    Foto: Cortesía Mau Nieto.

    Foto: Cortesía Mau Nieto.

     

    LA TEORÍA DEL AUTOLAVADO

     

    Antes de subir al escenario, Mau toma dos cervezas y camina de un lado a otro, moviendo las manos con rapidez. Tiene muy presente esta frase: “el momento en que el presentador anuncia tu nombre, es cuando inicia el resto de tu vida”. Siempre fue gracioso, incluso lo hicieron jefe de grupo en la secundaria para entretener a los alumnos cuando los maestros no llegaban. No obstante, reconoce que el comediante se hace. Tampoco improvisa, trabaja su memoria y aplica la teoría que ha aprendido de Sofía Niño de Rivera. Ella es una gran influencia para él, así como Daniel Sosa, el Capi Pérez, su familia y Louis C.K. Una combinación letal. Su propósito es tener una rutina como la de Mike Birbiglia, donde más que hacer reír cada siete segundos, “al final sientes que has vivido una gran historia”.

     
    Al terminar el show, Mau vuelve a casa a repasar todo. Respeta mucho su oficio. Se deshace de lo que no funcionó. “Después de la muerte de mi madre aprendí a tener una actitud positiva, a quitarme todo lo que me envenena por dentro”. Donde Mau se para, muestra mucha seguridad, tal vez gracias a los fracasos y la gente que lo quiso sacar del camino. “En el stand-up aprendes a burlarte de ti mismo, a no juzgarte. Si estoy feo, chaparro, naco, alcohólico, si crecí en Coapa, si nací en Iztapalapa, en vez de avergonzarme, son armas para que la gente conecte conmigo”.

     

    Aquí en la redacción ya nos convertimos en Mauliebers y tenemos apuntadas estas fechas en nuestra agenda:
    10 de noviembre  – Bar 27 (show con causa).

    12 de noviembre –  Foro Corona (Festival Gastronómico Central Modelo).

    18 de noviembre –  Cine Tonalá.

    23 de noviembre –  La Glotonería, en Querétaro.

    24 de noviembre –  Jazzatlán, en Puebla.

     

     

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