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    La vida de los influencers no es tan real como parece

    Romina Sacre revela la realidad en torno a las celebridades que se enriquecen gracias a las redes.

    Autor: Romina Sacre 8 noviembre, 2016


    Foto: Negro Desastre.

    Foto: Negro Desastre.

     

     

    Hace tres años, cofundé Púrpura, una página web de estilo de vida para mujeres de entre 25 y 35 años. mi trabajo, además de escribir, es subir contenido a las diferentes redes sociales como Facebook, Instagram, Twitter y ahora Snapchat. Al día hago entre seis y 10 publicaciones, basándome en horarios populares para que esos posts tengan el impacto deseado. Diariamente le hago saber a las personas a qué eventos me invitaron, a dónde me voy de viaje, la ropa que me pongo, qué comí, etcétera.

     
    Los influencers digitales (como le llaman a esta nueva profesión millennial) hacen cantidades ridículas de dinero por subir contenido a sus redes sociales y compartirlas con sus seguidores. Los fashion bloggers se toman fotos de sus atuendos, mostrando la última bolsa de diseñador que se compraron o sus desayunos en la cama que incluyen frutos rojos y café, mientras leen las últimas tendencias de la moda en una revista. Los bloggers de estilo de vida son famosos por sus viajes por el mundo, su filosofía de espíritu libre y por sus frases que inspiran a otros a abandonar sus trabajos “Godínez” e iniciar una vida nómada. Y ni qué decir de los youtubers, quienes se han vuelto ricos por subir tutoriales, dar consejos o simplemente hablar frente a la computadora contando de sus vidas, generando empatía y haciéndonos sentir como si fuéramos sus amigos.

     
    Sin embargo, la realidad es muy diferente a lo que postean. Una vez, en un evento, me sentaron junto a una blogger que seguía en Instagram y no la reconocí. Ella se acercó y me saludó, pero ¡era otra persona! No podía creer que esa niña que yo veía en fotos (por lo menos tres al día) fuera ella. (Ojo, no estoy en contra de retocar las fotos, pero de plano ser otra me asusta). Mucha de la ropa de los fashion bloggers es prestada, los instagrammers se tardan horas en editar y elegir la foto que van a subir, y por lo general los youtubers tienen la gracia de una coliflor hervida cuando los conoces en persona.

     

    Photoshop, Facetune e incluso la edición de videos hacen que no todo sea como lo pintan.
    Así que no te sientas feo, sin gracia o con un guardarropa escaso. Estudios de la Escuela de Medicina de la Universidad de Pittsburgh determinaron que entre más tiempo utilicemos las redes sociales, incrementan las probabilidades de que suframos depresión. Hay muchas más cosas en las cuales nos podríamos enfocar en vez de si alguien le dio “like” a mi foto o me dejó de seguir en Instagram. Sigamos a gente que nos inspire y que sea auténtica. Si hay alguien en sus redes que te causa ansiedad o angustia, es momento de darle “unfollow”.

     

    Sus redes:

     

    Facebook: sacreromina

    Twittter: @rominasacre

    Instagram: @rominasacre

     

     

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