Laura Barjum, virreina de belleza

    Laura Barjum, virreina de belleza

    Hablamos con la ex señorita Colombia sobre su paso por el modelaje y su prometedora carrera en la televisión.

    Autor: Redacción Maxim 14 marzo, 2019


     

    FOTO: Giorgio del Vecchio

     

    Nos vimos con Laura Barjum, la virreina universal y actriz, en una típica tarde lluviosa bogotana. Entre otras cosas hablamos de su vida, de su carrera, y por supuesto, de su exitosa participación en los reinados.

     

    Cuando Laura sonríe es como si se prendiera el flash de una cámara y contagia de alegría a cualquiera. Es una expresión tan espontánea, tan natural que dista mucho de esa risa típica de las reinas de belleza que pareciera que tuvieran congelada la cara.

     

     

    A Laura ese gesto le sale del corazón, no tiene que fingirlo. Si se ríe es porque está feliz y quiere mostrárselo a todo el mundo. ¿Será que así conquistó a los jurados de Miss Colombia y Miss Universo? Es lo más seguro, porque a nosotros, los espectadores, definitivamente sí.

     

     

    Para muchas personas puede resultar obvio pensar que entre sus planes siempre estuvo ser reina de belleza, pero no es cierto. Aunque sí acepta que desde chiquita admiró este tipo de eventos, nunca vio posible caminar por una pasarela y mucho menos llevarse una corona.

     

    Se crió en Cartagena, la ciudad donde se celebra el Concurso Nacional de Belleza y donde hay niñas a las que enfocan para ser reinas, pero Laura siempre se visualizó haciendo otras cosas muy distintas: pensaba en ser artista o politóloga. “Nunca me imaginé que fuera a ser reina de belleza, ni modelo, ni nada de eso. Pero en un punto de mi vida se dio la oportunidad, y creo que yo estaba en las condiciones adecuadas así que me decidí”, cuenta la virreina universal.

     

     

    La actuación ha sido el gran amor de su vida. Estando en el colegio participaba en obras de teatro y cuando se graduó, con 16 años, les dijo a sus papás que se dedicaría a eso de forma profesional. Viajó a Bogotá y estudió durante tres años en una escuela muy prestigiosa. Desde entonces asegura que no ha dejado de estudiar: “Todo el tiempo estoy leyendo cosas sobre actuación, viendo actores increíbles que me encantan, en teatro, en cine”.

     

     

    ¿Cómo fue tu primera experiencia como actriz?

    En una obra que hicimos con mis compañeros de la escuela. Creamos nuestra propia compañía de teatro. Ahí hice, por casualidad, un personaje arquetípico que era una modelo. Esa obra nos costó muchísimo y no fue fácil moverla, pero al final aprendimos un montón.

     

    ¿Recuerdas tu primera audición?

    Fue para que me aceptaran en la escuela de actuación: tenía 16 años, acababa de llegar a Bogotá, venía con la esperanza de que me dijeran que sí e hice mi audición con todo el amor del mundo. Utilicé un texto que había encontrado en Internet, y lo adapté. No era fácil que me aceptaran, pero al final me dijeron que sí. Años después terminaste actuando en televisión.

     

    ¿Cómo te sentiste interpretando a Chechi en la telenovela La Cacica?

    Chechi era la mejor amiga de la protagonista, Consuelo Araujo; era un personaje que existió en la vida real, así que requirió de un proceso de investigación largo. Agarré la interpretación cuando ella tenía 15 años: empezaba a vivir un montón de cosas en su colegio, la primera vez que se enamoraba, todas las decepciones, así que también tuve que poner mucho de mi creatividad, y empaparme muy bien de la cultura vallenata y recrear ese Valledupar de los 50, 60 y 70.

     

    Cuéntame sobre tu papel en la telenovela sobre Simón Bolívar que saldrá el otro año.

    Es un personaje precioso que se llama Rosita Campuzano. Ella hizo parte de la revolución en Perú, y en un momento de su vida se hizo muy amiga de Manuelita Sáenz y se enamoró de José de San Martín que fue el libertador de Chile y Argentina. Es un papel muy especial porque, aunque fue una rebelde que siempre estuvo muy comprometida con la causa, lo hizo con toda la clase sin dejar de ser una dama y sin dejar el glamour. Cambiando un poco de tema, representaste a Cartagena en un Reinado Nacional de la Belleza.

     

    ¿Qué conexión tienes con esa ciudad?

    Yo nací en Cali, pero me mudé muy chiquitita a Cartagena, que fue la ciudad que recibió a mis papás, la ciudad de las oportunidades para mi familia. Todo lo aprendí de los cartageneros: su cultura, su comida, la manera en la que hablo… todo lo que soy es muy cartagenero y por eso vivo tan agradecida con esta ciudad.

     

    ¿Qué significó para ti ser virreina universal?

    Fue el pago al amor que puse en mi preparación. Significa haber representado a mi país con toda la altura posible. Siento que la gente se sigue identificando con los concursos de belleza, y el orgullo de llegar a esa posición se notó.

     

    ¿Qué sentiste en la coronación?

    Es una locura. Desde Señorita Cartagena hasta Miss Universo, todo es muy raro porque se te pasa el tiempo rapidísimo, pero al mismo tiempo se te hace eterna cada decisión, cada que vas avanzando al top 10, al top 5, al top 3. Es muy loca la sensación. Pero al llegar tan alto ya como que agradeces estar ahí y pase lo que pase es increíble que la vida te haya puesto en ese lugar.

     

     

    ¿Qué proyectos vienen para ti?

    Mil cosas. El otro año se van a enterar de un montón de proyectos súper bonitos en los que estoy trabajando. Y bueno, ahorita estoy enamorada de mi canal de YouTube. Me encanta hacer los videos e interactuar con mis seguidores. Es un proceso creativo que me enriquece como actriz, como artista, entonces le estoy metiendo mucho corazón. No puedo contar pero dentro de poco se vana enterar de cosas nuevas que estoy haciendo.

     

     

    Asistencia de fotografía, Jack Barón; styling, Catalina Ramírez; maquillaje y pelo: Óscar Sánchez y Vanessa López.

     

     

     

     

     

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