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    Lograr el sexo de reconciliación no es tan fácil como parece

    Ese tipo de sexo puede llegar a ser tan adictivo que tu relación se convertirá en una enfermiza obsesión.

    Autor: Miryam Ruiz 20 octubre, 2017


    Texto por Miriam Ruíz; Ilustración, Marco Armenta.

     

    Hay muchos factores que intervienen. Las razones de discusión, el lugar donde se encuentran, la intensidad del enojo de ambos, entre otros. Pero cuando se hace la jugada justa, el movimiento perfecto, la palabra adecuada, es tan bueno que puede llegar a ser adictivo.

     

    Primero que nada debes asegurarte de que sabes exactamente el motivo por el que está enojada o por el que comenzó la pelea. Nada peor que una mujer en medio de una discusión que le pidan perdón sin ni siquiera saber el porqué. Sí, aunque parezca difícil de creer es algo que comúnmente ocurre. La mayoría de los hombres pide disculpas sólo porque no quiere ver enojada a su chica y quiere pasar a la acción.

     

    Si ella se da cuenta estarás frito: ni reconciliación ni mucho menos acostón.

     

     

    Pero si tu eres quien se enojó, entonces asegúrate de que ya se te haya pasado el berrinche. Es decir, que realmente deseas hacer las paces, porque después de un empierne no se vale seguir echándole en cara sus errores. Le puedes echar otras cosas… siempre y cuando ella lo permita, claro.

     

    Cuando las personas nos enojamos tendemos a cerrarnos y alejarnos físicamente, y te tocará romper esa barrera. Con calma, no te precipites. No quieras que después de que te disculpes se deje manosear por tus libidos tentáculos. El acercamiento tiene que ser paulatino. Si mientras te dice que te perdona tú ya tienes los dedos en su orificio penetrable más cercano, lo más seguro es que la discusión se haga más grande.

     

    Photo via VisualHunt.com

     

    Mejor tómala de la mano, mientras la escuchas y la ves a los ojos. Besa despacio sus dedos y mide su excitación. Si de plano se aleja, regrésate en los pasos y detecta qué estás haciendo mal. De lo contrario, si parece no sólo no disgustarle, sino disfrutarlo, es hora de pasar a un abrazo, un beso intenso, pasar tus labios por su cuello.

     

    La intensidad debe ser fuerte, como un grito que diga “¡No me dejes, soy tuyo y esto no volverá a pasar!”. ¿Quieres humedecer las carnalidades de una dama? Hazla sentir que se encuentra ante la inminencia de perderlo todo. Incluyendo el sexo salvaje. Por más patán que sea el tipo, si existe la posibilidad de que esa noche sea la última, nos entregaremos como tal.

     

    Por eso tenemos una buena, una mala y una excelente noticia. La buena: hará que las peleas siempre terminen bien: en orgasmos. La mala: este tipo de sexo puede llegar a ser tan adictivo que tu relación se convertirá en una enfermiza obsesión. Ten cuidado. La excelente es que , si logran equilibrar los acostones después de las peleas con la diferente gama de sexos (el rapidín, el mañanero, etc.), será la relación más exitosa, por lo menos sexualmente, que hayas tenido.

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