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    Narcosis de plata o plomo

    Wagner Moura y sus ideas sobre interpretar al máximo capo de drogas de Colombia, los antihéroes y su etapa como director.

    Autor: Aarón Martínez 8 noviembre, 2016


    Fotos: Mónica Gauthier / Cortesía Netflix.

    Fotos: Mónica Gauthier / Cortesía Netflix.

     

     

    Cuando me siento a platicar con Moura, acerco una hoja hasta donde está y le pido que lea para Maxim la frase con la que inicia el tráiler de la primera temporada de Narcos: “Señores, yo soy Pablo Emilio Escobar Gaviria… Haciendo negocios, así que pues fresco. Ustedes eligen: plata o plomo”.

     

    Es un gesto para iniciar la charla. Él sonríe, se siente como si estuviera a prueba y acepta dar lectura luego de una leve carraspera y un sorbo de café. A casi dos años de que aterrizara en tierras colombianas para iniciar el largo camino, hoy concluimos que su acento del español es diferente, e incluso ya podría pasar inadvertido como un colombiano.

     

    Uno de los principales tópicos en torno al lanzamiento de esta serie producida por Netflix era que el personaje principal sería interpretado por un brasileño que llevaba muy poco tiempo hablando español. El reto era grande, por eso Wagner llegó a Colombia meses antes que la producción para dominar el idioma y conocer lo que estaba dicho sobre Escobar. “Yo sé que Pablo es real, muy raro y único, pero real”, confiesa Moura, luego de haberse encerrado por meses a documentarse con libros sobre el líder del Cartel de Medellín, algunos del narcotráfico y otros más sobre la historia moderna de Colombia. “Eso me dio las bases intelectuales para entender la situación de un lugar que es muy complejo. Todo el fenómeno del paramilitarismo, de la guerrilla… Es un país muy cercano a los Estados Unidos, además diferente en ambiente y mente al resto de los países latinos”, complementa.

     

    No obstante, pasaron pocos meses para que tomara una decisión importante: hacer un cambio de estrategia a la hora de definir la manera en que iba a interpretar al personaje: “en un momento tiré todo eso a la basura, me olvidé y creé mi propia versión. Llegó un punto en el que dejé de intentar imitarlo y empecé a hacer mi propio Pablo Escobar”, explica. Además, tuvo que aumentar 20 kilos de peso y trabajar en una actitud tras pantalla en la que destaca una mirada que denota dominio, liderazgo, pero también la parte humana del capo. “Veo al ‘Pablo Escobar’ que hacen otros y cómo lo interpretan, y reconozco en ésos una parte que yo mismo estoy haciendo, que está ahí. Pero a la vez son actuaciones completamente distintas; siempre que un actor va a hacer un personaje, su mirada es única. Yo quería que mi mirada fuera algo en donde estuviera todo. Porque Pablo igual era un hombre muy tranquilo, dócil, amable con la gente que quería”, describe el actor brasileño.

     
    Por su parte, a pesar de la hospitalidad colombiana que recibió desde el primer día, no fue sencillo el cambio de dinámica de vida para Moura: “llegué ahí como un estudiante. Me metí a la Universidad Bolivariana a un curso de español para extranjeros, estaba en una clase con gente de todas partes, pero a nadie le decía que estaba ahí para hacerla de Pablo Escobar, iban a soltar una carcajada en mi cara. Tenía vergüenza de decírselos. Me quede ahí; estudiaba y platicaba con los demás mientras estaba en la ciudad donde vivió Pablo”.

     
    NARCOS

     

     

    ANTIHÉROE, figura de éxito

     
    Paralelo a su trayectoria en el mundo de las drogas, es conocido que Escobar se diferenció del resto por su búsqueda de reconocimiento social. “Pablo es diferente a los otros narcotraficantes, él quería ser amado, reconocido, existencial, quería ser más, quería ser presidente. Si no le hubiera importado eso, si hubiera trabajado en las sombras, como es la naturaleza de ese negocio, el día de hoy estaría aquí”, razona Wagner Moura, quien determina que los colombianos son conscientes de quién era Pablo y que el rumor de la polarización entre la gente que lo quería y la que lo odiaba es falsa: “Todos saben muy bien qué tan malo era y no sólo para Colombia, sino para el mundo. Pero en Medellín, en los lugares donde Pablo hizo sus acciones sociales, en los vecindarios, hay mucho amor hacia él, y no puedes juzgarlos porque tienen sus motivos”.

     

    La figura de Escobar guarda contradicciones a su alrededor: si bien fue un tipo vinculado con el asesinato de más de 4,000 personas, también era alguien poderoso que vivía en rebelión contra la ley, tema que frecuentemente resulta interesante para la gente. Wagner expone que “en los países latinoamericanos, el narcotráfico, como el futbol, son una manera de ascender socialmente. Para un joven que vive en las favelas brasileñas, su ejemplo de poder es el narcotraficante que tiene un zapato chévere y anda con las chicas más bonitas, etcétera. Además, siempre habrá una fascinación por los que viven por encima de la ley, por los que no tienen las mismas reglas que nos tocan a nosotros. Y especialmente cuando se sabe que gente así existió, como Pablo Escobar”.

     

    Entendido de esta manera, no resulta extraño que películas, series, libros y demás documentos que aborden el tema central de esta serie sean de gran consumo por la gente, pues mira en el narcotraficante una figura de éxito, un de escaparate a su realidad.

     

     

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    Nuevos roles, ahora como director

     
    Dentro de su trayectoria, Moura ha hecho una gran dupla con el cineasta brasileño José Padilha, con quien primero trabajó para las exitosas entregas de Tropa de Élite y luego en Narcos. Ahora, se mantienen en contacto para el nuevo proyecto de Wagner, donde se iniciará como director al llevar a la pantalla grande la vida del guerrillero Carlos Marighella, líder de la resistencia en Brasil entre
    1964 y 1985.

     

    Al respecto de su relación con Padilha y de su nueva etapa, expone: “Es un gran ejemplo y un gran amigo. Me enseñó que una película política no necesita ser hermética. Busco hacer una a la vez política y con algo que decir sobre una situación interesante, pero que también sea algo popular, y la gente la vea”.

     

    Moura siempre tuvo gran curiosidad sobre Marighella y fue a partir de que un periodista llamado Mario Magallanes escribiera una biografía sobre este político brasileño que él comenzó en serio la planeación. “Es una labor periodística sorprendente porque Marighella era un fantasma de la clandestinidad, no aparecía en fotos o videos, estaba siempre escondido, no hay registros de él moviéndose. Este periodista escribió una biografía que se publicó, y yo compré los derechos para realizarla”, expone del personaje principal.

     

    Luego buscó a su compatriota Fernando Meirelles (Ciudad de Dios, 2002) para que produjera la película, y lo que empezó como un gusto personal por la historia de un guerrillero, hoy es un proyecto en preproducción con idea de llegar a las salas de todo el mundo y que localmente, en Brasil, se dará en un momento complicado y al ser una historia de corte comunista con un revolucionario como protagonista en el que la derecha gana fuerza.

     

    Nuevamente, Wagner Moura se muestra seguro de querer hacer conciencia en la gente con su trabajo, tal como lo ha hecho en otras ocasiones al estar frente a la cámara, ya sea como capitán del BOPE, la Tropa de Élite de Río de Janeiro, o el capo del Cartel de Medellín.

     

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