Personalización de lujo con Moto Studio de Miami

    Personalización de lujo con Moto Studio de Miami

    Personaliza al gusto de cada biker.

    Autor: Redacción Maxim 27 junio, 2019


    FOTO: Facundo Bustos

     

    Por Duncan Quinn

    Las creaciones customizadas del Moto Studio de Miami están esculpidas por la velocidad y el gusto personal de cada biker.

     

    En los años cincuenta, con el tiempo en sus manos y la adrenalina en las venas, la juventud rebelde de Londres se enrollaba las mangas y comenzaba a modificar BSAs, Triumphs, Nortons, Vincents y otras motocicletas británicas para ir mucho más rápido. Inspirados en Marlon Brando, en The Wild One, mientras vestían pieles Lewis hechas en el Reino Unido, algunos de ellos se reunían en el Ace Café para alardear e intercambiar tanto historias como piezas de motos —de ahí nació el termino «café racer» o «corredores de café»—.

    Ir del café por la carretera “hanger lane” hasta la glorieta y regresar antes de que la rocola se detuviera era la prueba definitiva para ganar tu membresía al infame “ton-up club”, lo cual solo era posible con una motocicleta que te llevará a 160 kilómetros por hora, —cuando la aceleración alcanzaba esa velocidad se le conocía como el “ton”, nombre con el que terminaron calificando al club—.

    Algunas máquinas modernas pueden llegar fácilmente hasta ahí sin modificaciones, pero en aquel tiempo, sin la inyección de combustible ni la sincronización de los pistones y tampoco la protección de Kevlar por si todo terminaba en el asfalto, lo único indispensable eran las bolas de acero referidas en el film Glengarry Glen Ross.

    El avance desde los cincuenta ha sido rápido, repentinamente todo se ha vuelto personalizado, una vez más todo mundo quiere una motocicleta especial y única en su clase. Solo que ahora customizar se ha vuelto una profesión excéntrica, llena de escultores que personalizan obras maestras. Con corazones exóticos, materiales avanzados y sistemas que confundirían incluso a los veteranos más sofisticados del Ace Café, estas piezas de arte están hechas a la medida para correr aunque también para ser presumidas los fines de semana.

     

     

    Si un especialista pudiera descifrar el gen del escultor rebelde, el resultado sería Bruce McQuiston. Una parte loco por la velocidad, la otra escultor y modificador excéntrico, es un hombre que ha necesitado de la velocidad por mucho tiempo con gran aprecio por las formas hermosas y los materiales, sin dejar de mencionar que tiene el perfil de un villano salido de las películas de James Bond. McQuinston se mantuvo como customizador ganándose la vida como piloto de carreras, entrenador de corredores e ingeniero de arte. Sin embargo, en algún punto decidió que quería tener un “café racer” y creó su propio taller. De ahí el nacimiento de Hence Moto Studio en Miami unos años atrás.

    Así como AMG o Barbus, el concepto era tomar algo que era bueno y hacerlo genial, McQuinston prefiere las Ducati de cilindros gemelos o las Moto Guzzi por su estilo y torque, aunque todavía hay esperanza de persuadirlo para hacer una Triumph triple: “Hicimos una BMW que era bastante cool”, nos confiesa, pero aclara que: “es tan poco pasional como cualquier otro aparato en tu casa”.

    La construcción tiene que ser una combinación de “materiales contemporáneos, diseño funcional y lazos nostálgicos como las de motocicletas que fueron trascendentales en el pasado, no importa qué haga, no puedo escapar de mis sensibilidades mecánicas.

    Dos de los elementos clave requeridos para conducir motocicletas y crear las esculturas son percepción y control. Mientras mi objetivo es controlar el diseño de la escultura, también quiero sacar la belleza de estos magníficos materiales y permitirles tener una influencia en el proceso de diseño”.

    Cada máquina modificada en el Moto Studio es tan única como su dueño y al final obtiene su propio nombre: “café nero”, “goldmember”, “high roller”. El proceso empieza desde cero con cada cliente nuevo, cuyas medidas son tomadas casi como un traje hecho a la medida. Cuando una moto a punto de ser retirada, es llevada, todo se desarma y se pone en una pila de piezas: el motor se reconstruye y se hace mucho más poderoso, se montan sistemas nuevos, los escapes, las estructuras, los tanques, los brazos oscilantes y la suspensión, todo se va construyendo casi de manera artesanal.

    Para cuando el proceso de transformación está terminado, lo que antes era un montón de chatarra de 500 libras de peso con las formas de un luchador de sumo enfurecido, se ha convertido en una ligera, temible y jodidamente preciosa máquina de correr.

     

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