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    Por delante de la curva

    La historia sobre cómo Ken Griffin, un prodigio financiero, gestor de fondos de cobertura y filántropo estadounidense, se ha mantenido al frente del mercado por más de tres décadas.

    Autor: Sin autor 11 enero, 2021


    Texto por Keith Gordon

    En 1987, mientras muchos de sus compañeros de estudios en Harvard salían de fiesta y vivían la vida típica de un universitario, un alumno llamado Ken Griffin estaba enfocado en construir su futuro. El joven de 19 años estaba ocupado en desarrollar las habilidades y sentando las bases para lo que eventualmente se convertiría en un imperio financiero, uno de los más grandes en su tipo en el mundo. Su organización sería sencilla y ordinaria según los estándares, compuesta por un teléfono, una computadora personal y un fax (eventualmente mejorado por una antena satelital que colocó en el techo de su dormitorio universitario). Sin embargo, su ambición era todo menos modesta. 

    Con una recaudación de $265,000 dólares, cantidad que incluía dinero de su madre, abuela y otros dos inversionistas más, Griffin buscó oportunidades para beneficiarse del mercado de bonos convertibles. A pesar de estos humildes orígenes, no le tomó mucho tiempo el ser visto por la comunidad financiera. Atrayendo la admiración y el apoyo del fondo especulativo del empresario Frank Meyer gracias al éxito de las estrategias de inversión que Griffin elaboró mientras estaba en Harvard, fue capaz de regresar el 70% en tan sólo un año de trabajar con Meyer, lo que le valió llamar más la atención e inversión de otros grandes financieros. 

    Con base en esos resultados, el niño prodigio de la economía fue capaz de eventualmente establecer el Wellington Financial Group en 1990 con $4.6 millones de dólares. Rebautizada como Citadel en 1994, nombre que se basaba en la idea de proveer un lugar seguro para los fondos durante tiempos difíciles, el fondo de cobertura de Chicago actualmente supervisa más de $30 mil millones de dólares en capital. 

    Adelantémonos en el tiempo, y ese joven prodigio se ha convertido en uno de los titanes del mundo financiero, con un valor neto estimado arriba de los $12 mil millones. Un pionero en el área de la investigación cuantitativa, usando modelos matemáticos complejos para invertir de manera más eficiente los activos bajo su control, Griffin estuvo años (por no decir décadas) por delante de sus rivales en la comprensión del poder de tales técnicas de inversión, hecho posible por el rápido avance de la tecnología informática. Griffin se asegura de que todas las áreas de los negocios de Citadel tengan el apoyo de este avanzado nivel de supervisión tecnológica y análisis. 

    Otra instancia, Citadel Securities, en la que Griffin es socio mayoritario, es una de las empresas de creación de mercado en Wall Street y se estima que es responsable de una de cada cinco acciones en la bolsa en los Estados Unidos. Tal vez por eso es justo que el hombre que ayudó en la creación de la actual dependencia de Wall Street en la tecnología financiera siga siendo tan influyente en el mismo sistema del cual tiene un papel tan importante. Es seguro afirmar que es una de las personalidades más poderosas y seguidas en el mundo financiero, dada su descomunal influencia tanto en fondos de cobertura como en industrias de comercialización en los Estados Unidos y en el mundo. 

    Mientras que Griffin se ha convertido en un pilar de la comunidad financiera, el público en general ha llegado  a conocer al millonario de 51 años no por cómo hace su dinero, sino por cómo lo gasta. Griffin es uno de los filántropos más prolíficos de su país, con millones de dólares donados a una gran variedad de obras de caridad, incluyendo unos $300 millones de dólares solo para organizaciones sin fines de lucro con sede en Chicago.

    Las instituciones en Chicago que se han visto beneficiadas por su generosidad incluyen el Field Museum, el Art Institute of Chicago y el Ann & Robert H. Lurie Children’s Hospital of Chicago. El regalo de $25 millones de dólares que le dio al Museum of Science and Industry (próximo a llamarse el Kenneth C. Griffin Museum of Science and Industry) deja en claro que mientras Griffin pasa algo de su tiempo en Nueva York, Florida y Londres, la Ciudad de los Vientos mantiene un gran lugar en su corazón y en sus actividades filantrópicas. 

    Griffin también apoya a instituciones educativas, incluyendo su alma máter, pues en 2014 donó $150 millones de dólares a Harvard para ayudas financieras basadas en las necesidades y establecer becas para estudiantes sobresalientes. Además, a pesar de nunca haber asistido a esa escuela, Griffin ha donado $125 millones al departamento de economía de la Universidad de Chicago, recompensando a la mundialmente reconocida institución para lo que él considera como liderazgo vital en el estudio y comprensión de los mercados económicos globales. 

    También ha adquirido renombre por sus inversiones en bienes raíces de lujo, y ha establecido múltiples récords por adquisiciones en ciudades alrededor de Estados Unidos y el mundo. Estos incluyen su compra en enero de 2019 de un enorme departamento en el número 220 en Central Park South como su pieza maestra.

    Ubicado alrededor de Billionaires’ Row, al sur de Central Park, y con una superficie de unos 2,300 metros cuadrados, el espacio en Nueva  York de Griffin cuesta $238 millones de dólares, lo que bate el récord previo de la casa más costosa en Estados Unidos, vendida por más de $100 millones de dólares, y lo que establece un nuevo referente en el mercado inmobiliario de Manhattan. Inclusive, entre sus nuevos vecinos en el edificio diseñado por Robert A.M. Stern Architects, titanes globales y poderosos a nivel mundial, Griffin se coloca por encima de ellos. Tiempo después, se reportó que Griffin compró dos departamentos más en el veinteavo piso del mismo edificio, pagando $1.89 y $2.06 millones de dólares, respectivamente. De acuerdo al New York Post, “las unidades parecerían ser para staff o para huéspedes”.

    En Palm Beach, Griffin ha reunido las propiedades más grandes de la clase alta. Entre sus vecinos más conocidos tiene a Howard Stern, Steve Wynn, Ronald Lauder y Rod Stewart, por nombrar solo algunos. Según la prensa local, posee al menos 20 acres contiguos en total, y en septiembre de 2019, el Palm Beach Post reportó la compra de una propiedad de $99 millones de dólares a su nombre, una mansión de ocho habitaciones frente al mar, lo que coloca a esta adquisición como la segunda compra/venta más grande de la ciudad. Se dice que el vendedor fue el financiero y antiguo propietario de Los Dodgers, Frank H. McCourt Jr.

    Griffin también ha dejado su marca en el mundo del arte, no solamente por sus donaciones a instituciones como el Museum of Contemporary Art Chicago y el Museum of Modern Art en Nueva York, sino también por ser un ávido coleccionista de algunas de las obras más caras del mundo. Gastó casi $50 millones de dólares en dos piezas tan solo en 2015, las cuales son Interchange de Willem de Kooning y Number 17A de Jackson Pollock.

    De acuerdo a reportes posteriores a esta transacción, la colección de arte de Griffin ha sido valuada por más de 2 billones de dólares, y actualmente incluye obras que han sido prestadas a museos para que el público en general pueda disfrutar de las piezas que le pertenecen, un acto que en sí mismo es un gesto filantrópico. Después de todo, el único lugar que parece inspirar a Griffin tanto como los mercados financieros, son las oportunidades filantrópicas que su gran riqueza le permite seguir. Sin lugar a duda es un viaje impresionante para un adolescente prodigio que comenzó su carrera con un fax colocado en un dormitorio universitario. 

La historia sobre cómo Ken Griffin, un prodigio financiero, gestor de fondos de cobertura y filántropo estadounidense, se ha mantenido al frente del mercado por más de tres décadas.