Sumérgete con Emily DiDonato

    Sumérgete con Emily DiDonato

    No sabemos si están mejores las fotos o la excelente conversación que tuvimos con ella.

    Autor: Redacción Maxim 23 mayo, 2019



    Fotografía por Gilles Bensimon

     

    Por Nate Freshman

     

    Fotos y entrevista con la top model Emily DiDonato en Revista Maxim

     

     

    Ya entrado en una hora de tragos con Emily DiDonato, me doy cuenta que la vi el otro día. No en esta situación, me refiero a que no es común que me encuentre casualmente sentado con una top model, que está más allá de lo hermoso, que por lo regular posa en playas exóticas para fotógrafos de clase mundial.

     

     

     

     

    No, la vi en Manhattan, en el barrio de SoHo, muy temprano por la mañana. Ahí estaba la joven mujer en formación, con audífonos y pasadores, gente sosteniendo luces gigantes, mesas de servicio con una ensalada ligera. Estaban grabando un comercial. Un asistente me detuvo en la barricada puesto que ya iban a empezar a filmar. Silencio y después “¡acción!”. Enfrente de dos gigantes y ruidosos ventiladores, la cámara rodeaba a una chica en tacones, quien comenzó a deslizarse con una velocidad magnificente a través del adoquín de la calle Greene; su andar era cautivador, nunca vacilante, mientras su cabello se ondeaba tan inmaculadamente que parecía CGI. Su falda era dorada y sedosa, se mecía con su contoneo, moviéndose de atrás hacia adelante como un péndulo —esta chica…la forma en que su falda se mueve, podría detener al tiempo mismo—.

     

     

     

    Luego ella dio la vuelta, sin aviso, mirando hacia la cámara y hacia mí, con sus impactantes ojos, ambos clásicos y extrañamente felinos. “Sí, éramos nosotros”, dice ella , sentada frente a mí en una playera, sin maquillaje, dando pequeños sorbos a una copa de sauvignon blanco, lo dice con actitud indiferente tipo: “Sí, estábamos filmando esa mierda”.

     

    El restaurante fue su idea: un lugar cerca de su departamento llamado Little Beet Table, el cual, de acuerdo con las leyes de la gente bonita, es completamente libre de gluten.

     

     

     

    Mientras busco cómo congraciarme, ordeno el crudité , porque, bueno, modelos… Ellas no comen, ¿cierto? Esta chica es diferente. Rápidamente confiesa que sus planes para la cena incluyen el engullir, ella sola, un filete completo.

     

     

    “Voy a ir a The Breslin”, me hace saber. “¿El rib eye para dos? Este filete de $200 dólares es impresionante. Es tan ofensivo, pero es lo que me encanta ordenar”. “Suena decadente”. “Sí, es por eso que probablemente no me estoy comiendo esos… vegetales”, expresa, señalando el aburrido crudité con asco. “¿Qué puedo decir? Me encanta el filete. Es lo mío”.

     

     

     

    DiDonato es despreocupada, con una modestia pura que sirve bien hasta que te das cuenta de que… —sí, así es como ella se ve, lo entiendo—. Nació en un pequeño pueblo al norte de Nueva York, rara vez se aventuró a la ciudad mientras crecía, prefería mantener las cosas “rurales”. Su padre era bombero en el Bronx. “Me gradué de la preparatoria y decidí hacer esto de tiempo completo”, explica al respecto de su primera temporada en la ciudad, modelando como adolecente. “Yo estaba totalmente por mi cuenta —es muy difícil hacer amigos aquí—”. Le dije que encontraba esto ligeramente sospechoso. “Me iba a casa justo después del trabajo y veía televisión”, ella insiste. “Cuando ahora lo pienso, creo que fue valiente venir aquí sin conocer a nadie”.

     

     

     

    Ella conoció gente rápidamente, y esas personas se acostumbraron a verla. Antes de que tuviera 19 años, DiDonato realizó una campaña con Guess y firmó un contrato con Maybelline (de quien ella estaba grabando el comercial). Pronto, alcanzó los dos mayores picos de la industria: logró un espacio en una edición de Sports Illustrated Swimsuit y se quitó todo hasta enseñar su ropa interior para Victoria’s Secret, e hizo lo que toda modelo de alta moda: posar para Mario Testino y para la portada francesa de Vogue. “Ellos marcan diferentes puntos en la lista”, señala. “Estás en Sports Illustrated, la cual es una revista para hombres, y luego hiciste Vogue en Francia y es respetada por un grupo totalmente diferente de personas que nunca han tocado una Sports Illustrated. Cuando comencé a modelar, había muchas reglas acerca de lo que podías o no hacer, después llegó Kate Upton y ya podías hacer todo”.

     

     

     

    De hecho, ella está haciendo todo, entonces, ¿por qué no presumir de ello? “Me encontraba trabajando en la editorial en la que yo quería, y decía: “Wow, todo esta dando resultados”, confiesa. “Una vez que me vi en la portada de Vogue Francia, me dije: ‘Estoy bastante solida, soy importante’”.

     

     

     

     

    DiDonato ha vivido en el centro de Manhattan desde hace un tiempo, primero se mudó a un pequeño estudio en SoHo y después a donde está actualmente, en Gramercy Park. De algún modo, a pesar de los días laborales donde las horas se pueden pasar mientras le ponen maquillaje y con una agenda de viaje que haría ver a un secretario de Estado como un vago, ella se las ingenia para tener hobbies.

     

     

     

    Emily DiDonato hace arte, cocina, practica yoga y surfea en Costa Rica. “Cuando tengo un día libre, me gusta estructurarlo. Me encanta pintar, tú sabes, cosas como ésas…”. “Deberías tener una exposición en una galería”, sugiero. “Carajo, Nate, si tuviera una foto de mi último cuadro, estarías muy impresionado”, ella señala. “Pinté a Montauk”. “Tú sabes, todos los grandes artistas solían vivir en Montauk”. “Nadie me cree que lo hice. Me tomó como seis horas. Acuarelas, no es fácil”, me resalta.

     

     

     

     

    También va a audiciones, así es, se quiere mover a la actuación a la manera de Cara Delevingne. “Definitivamente lo quiero intentar”. ¿Por qué lo haría? Lo que es fascinante del modelaje es que en adición a verte fabuloso para vivir, tienes el tipo ideal de fama: puedes ser omnipresente, pero aún tienes la posibilidad de existir en el mundo de las personas normales. Puedes aparecer en las páginas de todas las revistas, pero no tendrás a la gente deteniéndote en la calle.

     

     

    “Modelar es asombroso”, explica, “porqué financieramente es grandioso, y tienes cierto nivel de ‘fama’, por decir algo. Pero no es como que no puedas salir caminando por la puerta. Además, nos hacen ver completamente diferentes en los espectaculares, que ahora que me ves así [hace un gesto señalándose a sí misma, como si quisiera decir: ‘¡Ugh, me veo horrible!’]. Tú ni siquiera nos reconoces. Pero no soy cualquier persona”.

     

     

     

    Una mujer común no haría voltear a la gente de la forma en que lo hace DiDonato cuando sale de The Little Beet Table y nos despedimos. Mientras tanto, ella devorará un filete de $100 dólares, mientras yo complementaré mis crudités con un pedazo grasoso de pizza. Todos están mirando. Probablemente ninguno de ellos sabe que se llama Emily DiDonato, pero los puedes ver cuchicheando: “¿Quién es esa chica?”. Es sólo cuestión de tiempo antes de que se den cuenta.

     

     

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