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    Teotihuacán desde las alturas, una experiencia en globo aerostático

    En el valle de Teotihuacán hay una experiencia para quienes siempre han querido volar. Un espectáculo visual con toques espléndidos de naturaleza e historia.

    Autor: Aarón Martínez 27 junio, 2017


     

    Volar siempre ha sido uno de los deseos del ser humano. Algunos personajes hicieron el intento de hacerlo imitando a las aves, con un par de alas elaboradas con un esqueleto de madera y plumas. Muchos intentos fallidos, y finalmente, con la evolución, hoy en día ésta es una de las experiencias que más disfrutamos. En búsqueda de desprendernos del suelo para mirar desde lo alto, nos fuimos por carretera, a unos 50 kilómetros de la Ciudad de México, hasta Teotihuacán, la ciudad prehispánica por excelencia de Mesoamérica. La cita fue a las 7:00 am, justo en el momento en que la noche se convierte en día.

     

    Mirar desde abajo hacia la Calzada de los Muertos, las pirámides del Sol y de la Luna es un acontecimiento que se tiene que vivir, tanto para los mexicanos como para quienes quieren empaparse de nuestra cultura. Sin embargo, observar toda esta historia desde lo alto significa un desafío, una prueba de que las sociedades trascienden sus capacidades.

     

     

    Buscamos varias opciones para llevar a cabo esta experiencia, y finalmente nos decidimos por la que consideramos mejor: Flying Pictures México. Esta empresa comenzó su trayectoria en Londres en 1976 y después expandió sus fronteras hasta México, introduciendo los globos aerostáticos y también proporcionando equipo de filmación aérea para películas como Spectre, Hombre en Llamas y La Leyenda del Zorro. Su infraestructura fue la ideal para hacer un viaje con total confianza: además de ser representantes oficiales de Cameron Balloons (fabricante de globos aerostáticos más experimentado a nivel mundial), estuvimos bajo la atención de un piloto certificado por Aeronáutica Civil con altímetro, variómetro, termómetro, brújula, un GPS, mapas de la zona de vuelo y un radio.

     

     

    Nos subimos al globo aerostático. El frío del valle contrastaba con el calor del aire utilizado de los quemadores para inflar la colorida envoltura. Pronto nos vimos dentro de la canastilla que nos llevó a 10,000 pies de altura, ahí donde las imponentes pirámides ahora parecían una reproducción en tamaño diminuto para exhibición.

     

    Nos dejamos llevar por el viento, mientras el sol terminaba de iluminar una especial mañana de sábado. Luego, después de 45 minutos de magníficas postales visuales, el globo fue haciendo su descenso hasta donde fuimos recibidos para celebrar la experiencia con vino espumoso.

     

    Encuéntralo en www.flyingpictures.mx

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