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    Una noche de copas, una noche loca

    Cuando voltee, bríndale la mejor de tus sonrisas, una que no pueda resistir… si te la devuelve, es tuya. O, mejor dicho, eres de ella.

    Autor: Miryam Ruiz 19 octubre, 2017


    Texto por Miriam Ruíz; Ilustración, SKINPOP.

     

    Los tiempos han cambiado, las mujeres ya no esperamos a que el hombre que nos gusta nos hable; ahora, si queremos, hacemos el intento. Si alguna vez se te acercó una chica, sabes que se puede repetir; si, lo contrario, nunca te han disparado una cerveza ahora sabrás cómo lograrlo.

     

    Al llegar a una fiesta o a un antro, lo primero que hacemos es darle un vistazo a las personas del lugar. Distinguir si conocemos a alguien o a los nuevos prospectos, por lo que el contacto visual es inevitable, y nunca falta alguien que te eche una mirada lasciva que te recorra el cuerpo. ¿No es tu ideal? Calma. Date una vuelta y distingue a esa que no está de mal ver.

     

    En una noche en la que buscamos ligar, o que nos liguen, no hay que ponernos exquisitos; debemos encontrar a esa persona que no nos quita los ojos de encima y que nos agrada a simple vista. Vaya, que esté comible.

     

    Ubícate en un lugar en donde puedas hacer tu jugada. El contacto visual será tu mejor aliado. Las mujeres que buscamos con la mirada queremos sentirnos cazadoras, así que no se las pongas muy fácil, pero tampoco peques de soberbio. Nada peor para matar la pasión que dárselas de galán, así que tú flojito y cooperando.

     

     

    Photo credit: spaceodissey via Visual hunt / CC BY

     

    Transmítele interés y algo de lujuria. Si te ve, sostenle la mirada, pero desvíala a los segundos. Poco a poco mantenla por más tiempo, para que tenga la seguridad de que capturó tu interés, pero dando una sensación sutil de timidez, la suficiente para que sea ella quien se acerque.

     

    Las mujeres emitimos señales más evidentes cuando coqueteamos: nos mordemos los labios, mostramos más el escote, nos acariciamos el cabello; esto forma parte del ritual de apareamiento y nos gusta sentirnos correspondidas.

     

    Con una postura abierta y tocarte el brazo, la mejilla o sonreírnos es suficiente para hacernos saber que quieres lo mismo que nosotras: ganas de más, de intimidad, de acercamiento piel a piel.

    Queremos sentirnos las conquistadoras, que nosotros somos las que elegimos, que seas tú quien dé su brazo a torcer. Deseamos captar tu mirada, aunque estemos rodeadas de mujeres con un cuerpo mejor, ¡así que no se te ocurra voltear a ver otro trasero!

     

    Si se aleja, no la pierdas de vista: lo observamos todo, aunque no lo parezca. Sólo no la acoses, porque los acosadores nos fastidian.

     

    Es el momento de hacer tu jugada. Cuando se te acabe el trago, ve a la barra sin acompañante y espera. Si realmente le gustas, se te acercará. Cuando voltee, bríndale la mejor de tus sonrisas, una que no pueda resistir, que haga que se humedezca su entrepierna. Si te la devuelve, es tuya. O mejor dicho, eres de ella.

     

    Photo via Visual Hunt

     

    En ese momento deberás actuar, sólo tienes que decirle que el bartender no te hace caso, o que tienes mucha sed. Ella hará gala de sus encantos, te pedirá la bebida y, de paso, te la invitará.

     

    Una vez logrado esto, calma, no trates de seducirla luego luego, podrías arruinar el cortejo. Deja que las cosas tomen su ritmo.

     

    Recuerda que es una cazadora, quiere sentir el poder en sus manos, para que le muestres el tuyo entre sus piernas. Desconoce que es ella quien en realidad ha atrapado la carnada. Pero no importa, ambos obtendrán lo que están buscando: una noche de dominio y placer. Tú… tú sólo déjate llevar…

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